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03/01/2009

El estado del terror desencadenado contra la Franja de Gaza no tiene nada que ver con Hamas.

por Pok

Si Hamas no existiese

Israel no tiene intención alguna de reconocer a un Estado palestino

Jennifer Loewenstein
CounterPunch

Traducido del inglés para Rebelión por Sinfo Fernández

Vamos a dejar algo palmariamente claro. Si es que va a proseguir la sistemática mutilación y degradación de la Franja de Gaza; si la voluntad de Israel va en sincronía con la de EEUU; si la Unión Europea, Rusia, las Naciones Unidas y todas las agencias y organizaciones legales internacionales que se extienden por todo el globo van a continuar sentadas como huecos maniquíes sin hacer nada más que repetir “llamamientos” al “alto el fuego” a “ambas partes”; si los cobardes, obsequiosos y perezosos Estados árabes van a seguir observando en estos momentos cómo sus hermanos son asesinados mientras los ojos de la amenazadora Superpotencia mundial les amenaza desde Washington para que ni se atrevan a decir algo que le pueda molestar; entonces, déjennos al menos contar la verdad sobre las razones por las que se está perpetrando ese infierno sobre la tierra.

El estado del terror desencadenado desde los cielos y sobre la tierra contra la Franja de Gaza no tiene nada que ver con Hamas. No tiene nada que ver con el “Terrorismo”. No tiene nada que ver con la “seguridad” a largo plazo del Estado judío o con Hizbullah o Siria o Irán, excepto en la medida en que agrava las condiciones que han llevado a la crisis actual. No tiene nada que ver con la evocación de “guerra” alguna: un cínico y excesivamente utilizado eufemismo que no implica más que la sistemática esclavitud de cualquier nación que se atreva a proclamar sus derechos soberanos; ese atrevimiento implica afirmar que sus recursos son suyos y que no quieren ver establecerse sobre su querida tierra ninguna de las obscenas bases militares del Imperio.

Esta crisis no tiene nada que ver con la libertad, la democracia, la justicia o la paz. Nada que ver con Mahmoud Zahhar o Jalid Mash’al o Ismail Haniyeh. Ni con Hassan Nasrallah o Mahmoud Ahmedineyad. Todos esos no son más que actores circunstanciales que han conseguido un papel en la actual tempestad sólo en estos momentos mientras que durante 61 años se ha venido permitiendo el desarrollo de la catástrofe actual. El factor islamista ha servido para empañar y continuará empañando la atmósfera de la crisis; ha agrupado a los dirigentes actuales y movilizado a amplios sectores de la población mundial. Los símbolos fundamentales son hoy islámicos: las mezquitas, el Corán, las referencias al Profeta Muhammad y a la Yihad. Pero esos símbolos podrían desaparecer y el impasse continuaría.

Hubo un tiempo en que Fatah y el FPLP parecían triunfar; cuando muy pocos palestinos tenían algo que ver con las políticas y los políticos islámicos. Esas políticas no tienen nada que ver con los primitivos cohetes que se disparan sobre la frontera, ni con los túneles de contrabando y el mercado negro de armas; al igual que el Fatah de Arafat tenía poco que ver con las piedras y los suicidas-bomba. Las asociaciones son casuales; creaciones de un determinado entorno político. Son el resultado de algo completamente diferente de lo que los políticos mentirosos y sus analistas les cuentan. Se han convertido en parte del paisaje de los eventos humanos en el Oriente Medio moderno actual; pero del mismo modo podrían haber ocupado su sitio elementos fortuitos igual de letales, igual de recalcitrantes, mortíferos, destemplados o incorregibles.

Descarten los clichés y la vacua neolengua voceados a través de los serviles medios de comunicación y su patético cuerpo de voluntarios sirvientes estatales en el mundo occidental, y con lo que se van a encontrar es con el deseo puro y duro de hegemonía; de poder sobre los débiles y de dominio sobre las riquezas del mundo. Peor aún, se encontrarán con que el egoísmo, el odio y la indiferencia, el racismo y el fanatismo, el egotismo y el hedonismo que tratamos a duras penas de ocultar con nuestra jerga sofisticada, nuestras refinadas teorías y modelos académicos, ayudan actualmente a guiar nuestros deseos más abyectos y miserables. La insensibilidad con la que nos permitimos todo es endémica a nuestra propia cultura y prospera aquí como las moscas sobre un cadáver.

Descarten los símbolos y el lenguaje actuales de las víctimas de nuestro egoísmo y devastadores antojos y se encontrarán con los gritos sencillos, apasionados y sin afectación alguna de los oprimidos; de los “miserables de la tierra” suplicándoles que cesen su fría agresión contra sus niños y sus hogares; sus familias y sus pueblos; suplicándoles que les dejen en paz para poder conseguir sus peces y su pan, sus naranjas, sus olivos y su tomillo; preguntándoles primero cortésmente y después con creciente desconfianza por qué no les pueden dejar que vivan sin problemas sobre la tierra de sus ancestros; sin explotarles, libres del temor a ser expulsados; a salvo de violaciones y devastación; libres de permisos y bloqueos de carreteras y controles y cruces de frontera; de monstruosos muros de hormigón, de torres de vigilancia, de búnkeres de hormigón y alambradas de espino; de tanques y prisiones y torturas y muerte. ¿Por qué la vida es imposible sin esos infernales instrumentos y políticas?

La respuesta es: porque Israel no tiene intención alguna de permitir un estado palestino soberano y viable junto a sus fronteras. No tenía intención alguna de permitirlo en 1948 cuando se apropió del 24% más de tierra de la que legalmente, aunque injustamente, le concedía la Resolución 181 de la ONU. No tenía intención de permitirlo con las masacres y estratagemas de la década de 1950. No tenía intención alguna de permitir dos estados cuando conquistó el 22% de la tierra que quedaba de la Palestina histórica en 1967 y reinterpretó a su antojo la Resolución 248 del Consejo de Seguridad de la ONU a pesar del abrumador consenso internacional que afirmaba que Israel recibiría un completo reconocimiento internacional, dentro de fronteras reconocidas y seguras, si se retiraba sólo de las tierras que había recientemente ocupado.

No tenía intención alguna de reconocer los derechos nacionales palestinos en las Naciones Unidas en 1974, cuando –sólo con EEUU- votó contra una solución de dos estados. No tenía intención de permitir un acuerdo de paz global cuando Egipto estaba dispuesto a firmarlo, pero recibió, y obedientemente aceptó, una paz separada excluyente de los derechos de los palestinos y los restantes pueblos de la región. No tenía intención alguna de trabajar por una solución justa de dos estados en 1978 ni en 1982, cuando invadió, bombardeó, atacó y arrasó Beirut para poderse anexionar Cisjordania sin problemas. No tenía intención de reconocer un estado palestino en 1987 cuando la primera Intifada se extendió por la Palestina ocupada, hasta la Diáspora y hasta los espíritus de los desposeídos del mundo, ni cuando Israel ayudó deliberadamente al recién formado movimiento Hamas a fin de que socavara la fortaleza de las facciones más laicas y nacionalistas.

Israel no tenía intención alguna de reconocer un estado palestino ni en Madrid ni en Oslo, donde la OLP fue suplantada por la temblorosa y colaboracionista Autoridad Nacional Palestina, demasiados de cuyos compinches se agarraron a las riquezas y prestigio que se les otorgó a expensas de su propio pueblo. Cuando Israel transmitió a los satélites y micrófonos del mundo sus deseos de paz y de una solución de dos estados, había duplicado ya el número de colonos judíos ilegales sobre el terreno en Cisjordania y alrededor de Jerusalén Este, anexionándoselos mientras construye y continúa levantando una superestructura de carreteras y autopistas de circunvalación por encima de las restantes y machacadas ciudades y pueblos de la tierra de Palestina. Se ha anexionado el Valle del Jordán, la frontera internacional de Jordania, expulsando a cualquier “local” que habitara en esa tierra. Habla con lengua viperina de las amputaciones múltiples de Palestina cuya cabeza pronto será separada de su cuerpo en nombre de la justicia, la paz y la seguridad.

Mediante las demoliciones de casas, los ataques contra la sociedad civil que intentaron arrojar la historia y la cultura palestina a la sima del olvido; mediante la atroz destrucción de los lugares con campos de refugiados y de los bombardeos de infraestructuras de la segunda Intifada, mediante asesinatos y ejecuciones sumarias, junto a la inconmensurable farsa del desenganche y hasta la anulación de las elecciones palestinas libres, justas y democráticas, Israel ha dado a conocer una y otra vez sus puntos de vista con el lenguaje más fuerte posible, el lenguaje del poderío militar, de las amenazas, de la intimidación, del acoso, de la difamación y la degradación.

Israel, con el incondicional y aprobador apoyo de Estados Unidos, ha dejado totalmente claro al mundo entero una y otra vez, repitiendo en todas sus acciones, una tras otra, que no aceptará un estado viable palestino junto a su frontera. ¿Qué es lo que aún nos queda por escuchar al resto de nosotros? ¿Qué puede poner fin al silencio criminal de la “comunidad internacional”? ¿Qué puede hacernos ver las mentiras y la adoctrinación del pasado ante lo que está teniendo lugar día tras día a la vista de los ojos de todo el mundo? Cuanto más horrendos son los hechos sobre el terreno, más insistentes son las palabras de paz. Escuchar y observar sin oír ni ver permite que la indiferencia, la ignorancia y la complicidad continúen y hagan más profunda nuestra vergüenza colectiva con cada nueva tumba.

La destrucción de Gaza no tiene nada que ver con Hamas. Israel no aceptará ninguna autoridad sobre los territorios palestinos que no pueda finalmente controlar. Cualquier persona, dirigente, facción o movimiento que no acceda a las demandas de Israel o que busque una soberanía genuina y la igualdad de todas las naciones en la región; cualquier gobierno o movimiento popular que exija la aplicación del derecho humanitario internacional y de la declaración universal de los derechos humanos para su propio pueblo será inaceptable para el Estado judío. Los que sueñan con un estado deben obligarse a preguntarse a sí mismos qué es lo que haría Israel con una población de cuatro millones de palestinos dentro de sus fronteras cuando comete con una pauta diaria, cuando no horaria, crímenes contra ese colectivo humano mientras vive junto a sus fronteras? ¿Qué hará que de pronto la raison d’être, el autoproclamado propósito de la razón de ser de Israel cambie si se le anexionan de forma rotunda los territorios palestinos?

La sangre del Movimiento Nacional Palestino fluye hoy por las calles de Gaza. Cada gota riega de venganza, amargura y odio no sólo Palestina sino todo Oriente Medio y gran parte del mundo. Tenemos que decidir ya si este estado de cosas puede o no continuar. Ha llegado el momento de elegir.

Jennifer Loewenstein es Directora Asociada del Programa de Estudios sobre Oriente Medio en la Universidad de Wisconsin-Madison. Puede contactarse con ella en: amadea311@earthlink

Enlace con texto original:

http://www.counterpunch.org/loewenstein01012009.html

Video; Chávez explica como USA e Israel se unen contra los palestinos y contra el mundo;


01/01/2009

Hamas es una creación del Mossad (La Agencia de Inteligencia Israelí)

por Pok

(Israel Creó a su actual  Enemigo HAMAS)

por Hassane Zerouky

Noticia original en inglés en Center for Global Research

Gracias a la Mossad,  (Instituto de Inteligencia y Tareas Especiales de Israel), a Hamas se le permitió reforzar su presencia en los territorios ocupados. Mientras tanto,  a Fatah, el Movimiento de Liberación Nacional, de Yaser Arafat, así como la Izquierda Palestina fueron sometidos de la forma más brutal a la represión y la intimidación

No olvidemos que es Israel, el que de hecho creó Hamás. Según Zeev Sternell, historiador de la Universidad Hebrea de Jerusalén, «Israel considera que es una inteligente estratagema para poner a los islamistas en contra de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP)».

Ahmed Yassin, líder espiritual del movimiento islamista en Palestina, quien regresó de El Cairo en los años setenta, estableció una asociación de caridad islámica. La Primera Ministra Golda Meir, vio esto como una oportunidad para contrarrestar el aumento del movimiento Fatah de Arafat. Según el semanario israelí Koteret Rashit (octubre de 1987), «Las asociación islámicas, así como la universidad han sido apoyadas y alentadas por la autoridad militar israelí» a cargo de la administración (civil)  de la Ribera Occidental y Gaza. «Ellos [la asociación islámicas y la universidad] tenían autorizado recibir pagos de dinero del extranjero.»

Los islamistas establecieron orfanatos y clínicas de salud, así como una red de escuelas, talleres que dieron empleo a las mujeres, así como un sistema de ayuda financiera a los pobres. Y en 1978, crearon una «Universidad Islámica en Gaza. «La autoridad militar estaba convencido de que estas actividades debilitarían tanto a la OLP y las organizaciones de izquierda en Gaza.» A finales de 1992, había seiscientas mezquitas en Gaza. Gracias a la agencia de inteligencia de Israel Mossad (Instituto de Inteligencia y Tareas Especiales de Israel), a los islamistas se les permitió reforzar su presencia en los territorios ocupados. Mientras tanto, los miembros de Al Fatah (Movimiento para la Liberación Nacional de Palestina) y la Izquierda Palestino fueron sometidos a la más brutal forma de represión.

En 1984, Ahmed Yassin, fue detenido y condenado a doce años de prisión, tras el descubrimiento de un cargamento de armas. Pero un año más tarde, fue puesto en libertad y reanudó sus actividades. Y cuando comenzó la Intifada (levantamiento), en octubre de 1987, los islamistas no lo esperaban y el jeque Yassin respondió mediante la creación de Hamas (El Movimiento de Resistencia Islámico): «Dios es nuestro principio, el modelo de nuestro profeta, el Corán nuestro constitución «, proclama el artículo 7 de la Carta de la organización.

Ahmed Yassin estaba en la cárcel, cuando se firmaron los acuerdos de Oslo en septiembre de 1993 (Declaración de Principios sobre un Gobierno Autónomo Provisional). Hamas rechazó rotundamente los acuerdos de Oslo. Pero en ese momento, el 70% de los palestinos condenaba los ataques contra civiles israelíes. Yassin hizo todo en su poder para socavar los acuerdos de Oslo. Incluso antes de que muriera el Primer Ministro Rabin, tuvo el apoyo del gobierno israelí que fue muy reacio a aplicar el acuerdo de paz.

Hamas lanzó una campaña cuidando el tiempo de los ataques contra civiles; un día antes de la reunión entre los negociadores palestinos e israelíes, en relación con el reconocimiento formal de Israel por el Consejo Nacional Palestino. Estos eventos fueron en gran parte instrumentos para la formación de un gobierno de derecha en Israel tras las elecciones de mayo de 1996.

De manera inesperada, el Primer Ministro Netanyahu ordenó la libertad del jeque Ahmed Yassin, («por razones humanitarias»), quien estaba cumpliendo una pena de cadena perpetua. Por otro lado, el mismo Netanyahu, junto con el Presidente Bill Clinton, presionaron a Arafat para que controlara a Hamas. De hecho, Netanyahu, sabía que podía confiar, una vez más, en los islamistas de Ahmed Yassin para sabotear los acuerdos de Oslo. Peor aún: después de que había expulsado a Yassin a Jordania, el Primer Ministro Netanyahu le permitió regresar a Gaza, donde fue recibido triunfalmente como un héroe en octubre de 1997.

Arafat se encontraba sólo frente a estos eventos. Por un lado porque él había apoyado a Saddam Hussein durante la guerra del Golfo en 1991, (mientras que Hamas se había abstenido cautelosamente de tomar partido), por lo que los Estados del Golfo decidieron cortar su financiación a la Autoridad Palestina, es decir a Arafat. Mientras tanto, entre febrero y abril de 1998, el jeque Ahmad Yassin pudo recaudar varios cientos de millones de dólares, de esos mismos países. El presupuesto de Hamas fue mayor que el de la Autoridad Palestina. Estas nuevas fuentes de financiación permitieron a los islamistas realizar eficazmente sus diversas actividades de beneficencia. Se estima que uno de cada tres palestinos recibe ayuda financiera de la de Hamas. Y en este sentido, Israel no ha hecho nada para frenar la entrada de dinero en los territorios ocupados.

Hamas ha construido su fuerza a través de sus diversos actos de sabotaje del proceso de paz, de una manera que es compatible con los intereses del gobierno israelí. A su vez, este último ha tratado, de varias maneras, de evitar la aplicación de los acuerdos de Oslo. En otras palabras, Hamas está cumpliendo las funciones para las que fue creado: para evitar la creación de un Estado palestino. Y en este sentido, Hamas y Ariel Sharon, vistos frente a frente, están exactamente en la misma sintonía.

Video Relacionado:

Los Escandalos de corrupción y el belicismo del actual Primer Ministro de Israel:

Que los cohetes que lanza Hamas a Israel son una farsa ya que la tecnología militar israelí tiene lo suficiente para evitarlos no sólo a ellos sino a un misil Iraní. Que la Mossad esta detras de estos cohetes.

¿Te gustaría hacer algo para detener esta masacre y muchas otras provocadas por los mismos? Por favor ve el siguiente link y Actúa:

Amnistía Internacional necesita de tu participación y solidaridad con GAZA