Posts tagged ‘gobernabilidad’

28/11/2008

Todavia NO Estamos en Crisis

por Pok

Lo que viene (IAR)

El factor clave: Cuándo, cómo y dónde va a comenzar la verdadera «crisis» del sistema capitalista

Qué es la crisis


Hay más de uno que se pregunta: ¿Estamos en crisis?.

¿Estamos en crisis? Para ser precisos, todavía no. Solo estamos en la etapa final de la gestación de la crisis.

Definamos, antes que nada, lo que es una crisis.

En general una crisis (sea personal o social) se caracteriza por una pérdida de control sobre un organismo alterando su funcionamiento y poniendo en riesgo su supervivencia.

Tomada en términos del sistema capitalista (el organismo), la crisis sólo sobreviene cuando se quiebran las variables de «gobernabilidad» sobre los que están construidos los pilares de su funcionamiento a escala global.

La condición esencial para el funcionamiento del Estado capitalista (tanto en los países centrales como periféricos) se resume en tres factores: Estabilidad económica, gobernabilidad política y «paz social».

Esas tres condiciones son básicas para que el «sistema» (la estructura funcional) de los negocios y la rentabilidad capitalista funcionen sin interferencia y no se alteren las líneas matrices de la propiedad privada y concentración de riqueza en pocas manos.

Cuando por alguna razón se altera alguno de estos tres factores, el sistema entra en crisis, y debe generar inmediatamente alternativas para preservar su supervivencia.

Hoy claramente, y aunque no hayan conseguido detener el proceso de contaminación del descalabro, los gobiernos y los bancos centrales capitalistas mantienen un cierto nivel de «control» mediante las «inyecciones» y los «salvatajes» que impiden que la crisis se desmadre y se salga del plano exclusivamente económico financiero.

Por lo tanto, la crisis sólo se limita a caídas bancarias, quiebras empresariales (que en realidad se convierten en un «negocio financiero con la crisis» donde el grande se come al chico) que no ponen en riesgo considerable inmediato ni al sistema ni a los Estados capitalistas.

Pero hay una pregunta central: ¿Cuándo comienza la crisis?

Y hay una respuesta también central: Cuando los estados capitalistas hegemónicos con EEUU a la cabeza pierdan el control sobre las variables de gobernabilidad del sistema,  lo que les impedirá seguir funcionando.

¿Y cuándo será ese momento?

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25/09/2008

Calderón se quedó solo: Denisse Dresser

por kayzher

Hasta quienes votaron por él ya se fueron… o se están yendo…

Denisse Dresser

Denisse Dresser

Memorándum para el Sr. Pesidente

Denisse Dresser
Proceso

Sr. Presidente: He escuchado con atención la convocatoria que ha hecho a todos los mexicanos en esta hora crítica. Lo vi allí parado, al pie de la columna del Ángel de la Independencia, hablando con vehemencia. Reclamándonos, exhortándonos, exigiéndonos. Cito sus palabras: «La Patria exige la unidad nacional. Unidad que supone apoyar la tarea del Estado para hacer frente a los criminales». Y pensé: Tiene razón pero poca credibilidad para exigir lo que exige. Tiene razón en convocar a los ciudadanos, pero pocos motivos para esperar que confíen en él o en su gobierno. Tiene razón, pero pocos recursos para convencer a los demás. Porque, con demasiada frecuencia en los últimos meses, el Presidente de la República no ha sabido cómo serlo; ha cedido poder en lugar de conquistarlo; ha ido perdiendo la dosis de autoridad que ganó en el primer año; ha tomado decisiones equivocadas o ha eludido las que le correspondían. Por ello, hoy que pide una gran alianza entre el Estado y la sociedad descubre cuán solo está.

Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo vis a vis con la ciudadanía que decidió darle el beneficio de la duda cuando, en lugar de exigir la renuncia de Juan Camilo Mouriño ante el evidente conflicto de interés en que había incurrido, decidió mantenerlo a toda costa. Usted y su equipo argumentaron que su renuncia habría sido equivalente a una claudicación ante AMLO, y que en realidad no había violado la ley. Usaron el argumento de la legalidad para ignorar el imperativo de la confianza ciudadana en la limpieza del gobierno. Ignoraron el reclamo de la sociedad debido a una pugna política, y con ello pusieron en entredicho la posibilidad de una reforma energética que no beneficiara a los mismos de siempre. A partir de ese momento, Sr. Presidente, usted ya no tenía autoridad moral para hablar de «limpiar la casa». Para proteger a su amigo, a su aliado, a su hombre de confianza, sacrificó la oportunidad de sacudirla y mostrarle a la sociedad que había tenido el valor de hacerlo. Y ahora, después de eso, ¿nos pide que le ayudemos?

Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo cuando, luego de enfrentar a las televisoras a través de la reforma electoral que debilitaba su poder de chantaje, decidió que -después de todo- era mejor aliarse con ellas. En lugar de coger la bandeja de plata que la Suprema Corte le envió al declarar inconstitucional la Ley Televisa, usted y su gobierno decidieron guardarla en un cajón. En vez de armar una nueva ley de medios con la capacidad de democratizar y desconcentrar un sector clave para la evolución democrática del país, usted decidió posponerla para mejores tiempos que nunca llegaron. Y luego, con un manotazo, usted exigió la salida de Santiago Creel por su mala relación con esos poderes que han llegado incluso a borrarlo de la pantalla. Demostró con ello que en lugar de domesticar a los poderes de facto, había optado por la convivencia convenenciera con ellos. Usted lo reconfirmó al anunciar las concesiones de radio FM para los propietarios de AM, guiado por los mismos criterios discrecionales y electorales que caracterizaron a los gobiernos del PRI. Y ahora, después de eso, ¿nos exige que lo apoyemos?

Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo cuando empezó a negociar con lo peor del PRI, y de tan mala manera. La negociación con la tercera fuerza de oposición en el Congreso no tiene nada de malo per se. Es requisito indispensable en una democracia presidencial dividida donde el partido gobernante no tiene mayoría. Pero usted ha permitido que hoy esa tercera fuerza se comporte y gobierne como si fuera la primera. A cambio ha obtenido algunas reformas que apuntan en la dirección correcta pero que están muy lejos de resolver los problemas fundamentales del país. Ha cedido demasiado sin obtener lo suficiente de vuelta. Ha otorgado una cantidad creciente de recursos a los gobernadores sin exigir la vigilancia sobre ellos. Ha aceptado los tiempos y los términos y las condiciones de Manlio Fabio Beltrones en casi todo momento. Ha permitido que esa oposición semi-leal le ate las manos mientras le propina golpes. Si no me cree, recuerde cómo el senador Beltrones le da una patada al gobierno cada tercer día y nadie desde allí le dice ¡zape! Usted y los suyos guardan silencio en aras de obtener algo a cambio. Pero lo único que logran es empoderar cada vez más a su peor enemigo, tal y como lo revelan las encuestas recientes. Y entonces, después de eso, ¿nos convoca a pararnos a su lado?

Usted, Sr. Presidente, se fue quedando solo cuando decidió que la única forma de gobernar este país era de la mano de los intereses enquistados. De allí la alianza electoral con Elba Esther Gordillo y las constricciones para la Alianza por la Calidad de la Educación que eso entraña. De allí la convocatoria a Carlos Romero Deschamps a firmar el Acuerdo por la Seguridad, la Legalidad y la Justicia, con la contradicción sustancial que implica. De allí que usted haya hablado de la necesidad de combatir los monopolios a lo largo de su primer año y que ahora ni siquiera mencione el tema. De allí que durante la campaña presidencial le haya sacado tarjeta roja a Mario Marín y ahora esa tarjeta se encuentre archivada bajo llave. Usted pensó que para poder mantener la paz social había que someterse a los dictados de todos los que dicen asegurarla. La paradoja es que esa estrategia ahora se le revierte. Usted ha cedido tanto, conciliado tanto, coexistido tanto con los criminales y los impunes, que ya le tomaron la medida. Como no actuó con la firmeza necesaria ante ellos, ahora lo perciben débil. Ahora los maestros del SNTE toman carreteras, y el crimen organizado corta cabezas, y los taxistas del aeropuerto cobran lo que quieren, y los conductores de noticiarios le preguntan si va a terminar el sexenio. Y luego, después de eso, ¿promete «aplicar la fuerza del Estado» para protegernos?

Usted, Sr. Presidente, está solo porque no logró entender que el poder corrompe, pero que la ausencia de poder también lo hace. Y a usted le ha faltado ejercicio de poder para limpiar, sacudir, cambiar, escuchar a una ciudadanía ansiosa de verlo gobernar en su nombre y no a la medida de los mismos de siempre. Usted le ha apostado a la alianza con los defensores del statu quo en vez de voltear a ver a los que deseábamos cambiarlo. Ahora nos pide nuestra ayuda, pero, por favor, entienda nuestro escepticismo. El apoyo ciudadano no es algo que se exige; es algo que se gana.