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08/12/2007

Lydia Cacho atropellada, ¿qué podemos esperar el resto de los mexicanos?

por Pok

La Suprema Corte de Justicia de la Nación, ya no puede ni debe ser llamada suprema, ni de justicia, ahora es Ínfima Corte de Justicia o Suprema de Injusticia, y además de avergonzarnos de ella, los mexicanos debemos de buscar la manera de recuperarla o rehacerla, mientras no sea así estaremos indefensos pues en las manos de ministros vendidos, no esperemos que se imparta justicia, ya que estos señores más bien venden sus decretos al mejor postor. Esos ministros y los demás jueces, en todos los tribunales, son un peligro para los ciudadanos porque obedecen y favorecen en sus dictámenes a quien tiene dinero, influencias, es decir, poder.

Les dejo el siguiente video que no solo se refiere al caso de la injusticia contra Lydia, sino de lo grave de la situación para todos los mexicanos de a pie. Después el artículo de José Antonio Crespo con el relato que Lydia Cacho hace en sus memorias del secuestro y vejaciones que sufrió por parte de los achichincles del desgraciado y nunca más, bien visto, señor Mario Marín, que ostenta el cargo de gobernador de Puebla.

http://www.youtube.com/watch?v=zp3FoNwRHqw

La ministra “preciosa”

Horizonte político
José A. Crespo

En su nuevo libro, Memorias de una infamia, narra Lydia Cacho las tribulaciones que pasó durante su secuestro, ordenado por Mario Marín, el góber mafioso. Un trayecto en coche, de Quintana Roo a Puebla, que duró varias horas. “Esto es ilegal, es un secuestro, no me dejaron ver a mi abogada, necesito mis medicamentos, no vi la orden de aprehensión”, reclamó ella a sus captores. “Qué derechos ni qué chingadas… A callar, pendeja”. En efecto, estaba a merced de los esbirros de Marín, por lo cual se hallaban en grave riesgo, conociendo cómo se arreglan ese tipo de asuntos en las repúblicas bananeras. Lydia solicitó ir al baño. “Al entrar en el pequeño baño, él (uno de sus captores) se me pega a mi espalda, rozando su vientre a mis nalgas. Intento quitarme, pero él me toma el cuello y me dice: Sigue aquí