Negligencia médica. ¿es mejor morir en casa?

por avellanedaportufgal

Ivan Illich. La medicina actual.


Es decepcionante ver que la UNAM entra en el juego y se ha vuelto (por lo menos en la parte que yo conozco) un negocio para un grupo con intereses de todo tipo menos humanitarios y lo peor es que han sido encargados de la enseñanza a varios grupos. Han olvidado realmente el sentido social y están en una carrera por ser una empresa con la tecnología mas moderna y la mercadotecnia que va reduciendo la atención a quien pueda pagar muy bien por un servicio.

¿Contra quien compiten? -o ¿Contra quién lucha?- Creo que no es con el verdadero enemigo: el hambre, la desnutrición, la falta de servicios médicos para todos, la enfermedad que asecha en todo momento, la pobreza que hace perder la esperanza y la alegría y que nos lleva a vivir inmunodeprimidos.
Por eso hay que volver a preguntarse ¿el médico tiene una visión correcta de lo que ocurre y si la medicina y sus avances son necesarios para la humanidad?

Por: Avellaneda

.

En el siguiente libro se trata a profundidad.

Némesis médica

La enfermedad iatrogénica clínica comprende todos los estados clínicos en los cuales los remedios, los médicos o los hospitales son los agentes patógenos o “enfermantes”.

Némesis representaba la venganza divina que caía sobre los mortales que usurpaban los privilegios que los dioses guardaban celosamente para sí mismos. Némesis era el castigo inevitable por los intentos de ser un héroe en lugar de un ser humano.

PARTE I: IATROGÉNESIS CLÍNICA

1. LA EPIDEMIA DE LA MEDICINA MODERNA

Durante las pasadas tres generaciones las enfermedades que padecen las sociedades occidentales han sufrido cambios dramáticos1. La poliomielitis, la difteria y la tuberculosis están desapareciendo; una sola dosis de un antibiótico cura a menudo la neumonía o la sífilis, y se ha llegado a controlar tantas causas de defunción masiva, que actualmente dos tercios de todas las muertes se relacionan con las enfermedades de la vejez. Los que mueren jóvenes son en la mayoría de los casos víctimas de accidentes, violencia o suicidio.
Por lo general, estos cambios en el estado de salud se identifican con una disminución del sufrimiento y se atribuyen a una mayor o mejor asistencia médica. Aunque casi cada uno piensa que por lo menos uno de sus amigos no se hallaría vivo y sano de no ser por la pericia de un doctor, de hecho no existe evidencia de ninguna relación directa entre esta mutación de la enfermedad y el llamado progreso de la medicina.
Los cambios son variables dependientes de transformaciones políticas y tecnológicas que a su vez se reflejan en los actos y las palabras de los médicos; no tienen relación significativa con las actividades que requieren la preparación, el rango social y el costoso equipo de que se enorgullecen las profesiones de la salud. Además, una proporción creciente de la nueva carga de enfermedades de los últimos quince años es en sí misma el resultado de la intervención médica en favor de personas que están enfermas o podrían enfermar. Es de origen médico, o iatrogénico.
Tras un siglo de perseguir la utopía médica, y contrariamente a la actual sabiduría convencional, los servicios médicos no han tenido un efecto importante en producir los cambios ocurridos en la expectativa de vida. En gran medida, la asistencia clínica contemporánea es incidental a la cura de la enfermedad, pero el daño causado por la medicina a la salud de individuos y poblaciones resulta muy significativo. Estos hechos son obvios, están bien documentados y son objeto de fuerte represión.

LA EFICACIA DE LOS MÉDICOS:
UNA ILUSIÓN

El estudio de la evolución seguida por las características de las enfermedades proporciona pruebas de que durante el último siglo los médicos no han influido sobre las epidemias más profundamente que los sacerdotes en tiempos anteriores. Las epidemias han llegado y se han ido bajo las imprecaciones de ambos pero sin ser afectadas por éstas. Los rituales practicados en las clínicas médicas no las han modificado de manera más decisiva que los exorcismos usuales en los santuarios religiosos. La discusión sobre el porvenir de la asistencia médica podría iniciarse en forma útil partiendo de este reconocimiento.
Las infecciones que predominaron al iniciarse la edad industrial ilustran cómo la medicina adquirió su reputación. La tuberculosis, por ejemplo, alcanzó una cima a lo largo de dos generaciones. En 1812, se calculó que la mortalidad en Nueva York sobrepasaba la proporción de 700 por 10 000; en 1882, cuando Koch aisló y cultivó por vez primera el bacilo, había declinado a 370 por 10 000. La tasa había disminuido a 180 cuando se abrió el primer sanatorio en 1910, aunque la tisis ocupaba todavía el segundo lugar en los cuadros de mortalidad. Después de la Segunda Guerra Mundial, pero antes de que el uso de antibióticos se convirtiera en rutina, había descendido al undécimo lugar con una tasa de 48. De manera análoga, el cólera, la disentería y la fiebre tifoidea alcanzaron un máximo y luego disminuyeron independientemente del control médico. Cuando se llegó a comprender su etiología y su terapia se hizo específica, estas enfermedades ya habían perdido gran parte de su virulencia y con ella su importancia social. La tasa combinada de mortalidad por escarlatina, difteria, tosferina y sarampión en niños menores de quince años muestra que casi el 90% de la disminución total en mortalidad desde 1860 hasta 1963 se había registrado antes de la introducción de los antibióticos y de la inmunización generalizada.  Este receso puede atribuirse en parte al mejoramiento de la vivienda y a una disminución de la virulencia de los microorganismos, pero con mucho el factor más importante fue una mayor resistencia del huésped al mejorar la nutrición. Actualmente, en los países pobres, la diarrea y las infecciones de las vías respiratorias superiores se registran con más frecuencia, duran más tiempo y provocan más alta mortalidad cuando la nutrición es mala, independientemente de que se disponga de mucha o poca asistencia médica. En Inglaterra, a mediados del siglo XIX, las epidemias de enfermedades infecciosas habían sido remplazadas por grandes síndromes de malnutrición, como el raquitismo y la pelagra. Estos a su vez alcanzaron un máximo y se desvanecieron, para ser sustituidos por las enfermedades de la primera infancia y luego por úlceras duodenales en los jóvenes. Cuando éstas disminuyeron, ocuparon su lugar las epidemias modernas: cardiopatías coronarias, enfisema, bronquitis, obesidad, hipertensión, cáncer, sobre todo pulmonar, artritis, diabetes y los llamados desórdenes mentales. A pesar de intensas investigaciones, no contamos con una explicación completa sobre la génesis de estos cambios. Pero dos cosas son ciertas: no puede acreditarse al ejercicio profesional de los médicos la eliminación de antiguas formas de mortalidad o morbilidad, ni tampoco se le puede culpar por la mayor expectativa de una vida que transcurre sufriendo las nuevas enfermedades. Durante más de un siglo, el análisis de las tendencias patológicas ha mostrado que el ambiente es el determinante primordial del estado de salud general de cualquier población.  La geografía médica,  la historia de las enfermedades, la antropología médica y la historia social de las actitudes hacia la enfermedad han mostrado que -la alimentación, el agua y el aire, en correlación con el nivel de igualdad sociopolítica y con los mecanismos culturales que hacen posible mantener la estabilidad de la población, juegan el papel decisivo en determinar cuan saludables se sienten las personas mayores y a qué edad tienden a morir los adultos. A medida que los viejos factores – patógenos retroceden, una nueva clase de malnutrición está convirtiéndose en la epidemia moderna de más rápida expansión. Un tercio de la humanidad sobrevive en un nivel de desnutrición que en otros tiempos habría sido letal, mientras que cada vez más gente rica absorbe siempre más tóxicos y mutágenos en sus alimentos.
Algunas técnicas modernas, a menudo desarrolladas con ayuda de médicos, y óptimamente eficaces cuando se integran a la cultura y al ambiente o cuando se aplican independientemente de la práctica profesional, han efectuado también cambios en la salud general, pero en menor grado. Entre ellas pueden incluirse los anticonceptivos, la vacunación de infantes contra la viruela, y medidas sanitarias no médicas como el tratamiento del agua y el drenaje, el uso de jabón y tijeras por las comadronas, y ciertos procedimientos antibacterianos e insecticidas. La importancia de muchas de estas prácticas fue reconocida y declarada en primera instancia por médicos -a menudo valerosos disidentes que sufrieron por sus recomendaciones-28 pero esto no consigna el jabón, las pinzas, las agujas de vacunación, los preparados para despiojar o los condones a la categoría de “equipo médico”. Los cambios más recientes en mortalidad desde los grupos más jóvenes hasta los de mayor edad pueden explicarse por la incorporación de estos recursos y procedimientos a la cultura del lego.
En contraste con las mejoras ambientales y las medidas sanitarias modernas no profesionales, el tratamiento específicamente médico de la gente nunca se relaciona en forma significativa con una disminución del complejo patológico ni con una elevación de la expectativa de vida. La proporción de médicos en una población, los medios clínicos de que disponen, el número de camas de hospital tampoco son factores causales en los impactantes cambios registrados en las características generales de las enfermedades. Las nuevas técnicas para reconocer y tratar afecciones tales como la anemia perniciosa y la hipertensión, o para corregir malformaciones congénitas mediante intervenciones quirúrgicas, redefinen pero no reducen la morbilidad. El hecho de que haya más médicos donde ciertas enfermedades se han hecho raras tiene poco que ver con la capacidad de ellos para controlarlas o eliminarlas. Esto simplemente significa que los médicos se desplazan como les place, más que otros profesionales, y que tienden a reunirse donde el clima es saludable, el agua es pura, y la gente tiene trabajo y puede pagar sus servicios.

INÚTIL TRATAMIENTO MÉDICO

La imponente tecnología médica se ha unido con la retórica igualitaria para crear la impresión de que la medicina contemporánea es sumamente eficaz. Durante la última generación, sin duda, un número limitado de procedimientos específicos ha resultado de extrema utilidad. Pero, cuando no se encuentran monopolizados por profesionales como herramientas del oficio, los que resultan aplicables a las enfermedades ampliamente difundidas suelen ser muy económicos y requieren un mínimo de técnicas personales, de material y de servicios de custodia hospitalaria. En contraste la mayoría de los enormes gastos médicos actuales en rápido aumento se destinan a diagnósticos y tratamientos cuya eficacia es en el mejor de los casos dudosa. Para apuntalar esta afirmación conviene distinguir entre enfermedades infecciosas y no infecciosas.
En el caso de las enfermedades infecciosas, la quimioterapia ha desempeñado un papel importante en el control de la neumonía, la gonorrea y la sífilis. La mortalidad por neumonía, en otro tiempo el “amigo de los viejos”, disminuyó cada año de 5 a 8% después de que las sulfamidas y los antibióticos salieron al mercado. La sífilis, el pian, y muchos casos de paludismo y tifoidea pueden curarse con rapidez y facilidad. El aumento de las enfermedades venéreas se debe a nuevas costumbres, no a la medicina inútil. El resurgimiento del paludismo ha de atribuirse al desarrollo de mosquitos resistentes a los pesticidas y no a alguna falta de medicamentos antipalúdicos. La inmunización ha eliminado casi por entero la poliomielitis, enfermedad de los países desarrollados, y sin duda las vacunas han contribuido a la disminución de la tosferina y el sarampión, confirmando así al parecer la creencia popular en el “progreso médico”. Pero en lo que respecta a la mayoría de las demás infecciones, la medicina no puede presentar resultados comparables. El tratamiento con medicamentos ha ayudado a reducir la mortalidad por tuberculosis, tétanos, difteria y escarlatina, pero en la disminución total de la mortalidad o la morbilidad por estas enfermedades, la quimioterapia jugó un papel secundario y posiblemente insignificante.
El paludismo, la leishmaniasis y la enfermedad del sueño retrocedieron ciertamente por un tiempo ante la embestida del ataque químico, pero actualmente vuelven a cundir. La eficacia de la intervención médica para combatir enfermedades no infecciosas es aún más discutible. En algunas situaciones y para ciertas condiciones, se ha demostrado en verdad un progreso efectivo: es posible prevenir parcialmente las caries dentales mediante la fluorización del agua, aunque a un costo que todavía no acaba de conocerse. El tratamiento sustitutivo reduce la acción directa de la diabetes, aunque sólo por corto tiempo. La alimentación intravenosa, las transfusiones sanguíneas y las técnicas quirúrgicas permiten que un número mayor de quienes llegan al hospital sobreviva a los traumatismos, pero las tasas de supervivencia con respecto a los tipos más comunes de cáncer -los que integran el 90% de los casos- han permanecido prácticamente inalteradas durante los últimos veinticinco años. Este hecho ha sido constantemente enmascarado por anuncios de la Sociedad Americana del Cáncer que recuerdan las proclamas del general Westmoreland desde Vietnam. Por otra parte, se ha comprobado el valor diagnóstico de la prueba de frotis vaginal de Papanicolao: si dicha prueba se realiza cuatro veces por año, la intervención precoz en el cáncer cervical aumenta en forma demostrable de tasa de supervivencia de cinco años. Algún tratamiento para el cáncer cutáneo es sumamente eficaz. Pero hay poca evidencia de eficacia en el tratamiento de la mayoría de los otros tipos de cánceres. La tasa de supervivenicia después de cinco años, en los casos de cáncer de la mama, es del 50%, sin importar la frecuencia de los exámenes médicos ni el tratamiento que se emplee. No se ha comprobado que esta tasa difiera de la del cáncer no tratado. Aunque los clínicos y los publicistas de la institución médica destacan la importancia del diagnóstico y tratamiento precoces de éste y varios otros tipos de cáncer, los epidemiólogos han empezado a dudar de que la intervención temprana modifique el índice de supervivencia. En raras cardiopatías congénitas y en la cardiopatía reumática, la cirugía y la quimioterapia han aumentado las perspectivas de llevar una vida activa para algunos de los que sufren de condiciones degenerativas. Sin embargo, el tratamiento médico de las enfermedades cardiovasculares comunes  y el tratamiento, intensivo de las enfermedades cardiacas son eficaces sólo cuando concurren circunstancias más bien excepcionales que se hallan fuera del control del médico.
El tratamiento con medicamentos de la hipertensión arterial es eficaz, y justifica el riesgo de efectos secundarios, para los pocos que la padecen como síndrome maligno. Representa un peligro considerable de graves daños, muy superiores a cualquier beneficio comprobado, para los 10 o 20 millones de norteamericanos a quienes temerarios plomeros de arterias tratan de imponerlo.

LESIONES PROVOCADAS POR EL MÉDICO

Por desgracia, la asistencia médica fútil pero inocua es el menor de los daños que una empresa médica en proliferación infringe a la sociedad contemporánea. El dolor, las disfunciones, las incapacidades y la angustia resultantes de la intervención médica técnica rivalizan actualmente con la morbilidad debida a los accidentes del tráfico y de la industria, e incluso a las actividades relacionadas con la guerra, y hacen del impacto de la medicina una de las epidemias de más rápida expansión de nuestro tiempo. Entre los perjuicios homicidas institucionales, sólo la malnutrición moderna lesiona a más gente que la enfermedad iatrogénica en sus diversas manifestaciones. En el sentido más estricto, la enfermedad iatrogénica incluye sólo las enfermedades que no se habrían producido si no se hubiesen aplicado tratamientos ortodoxos y profesionalmente recomendados. Dentro de esta definición, un paciente podría demandar a su terapeuta si este último, en el curso de su tratamiento se abstuviera de aplicar un procedimiento recomendado que, en opinión del médico, implicara el riesgo de enfermarlo. En un sentido más general y más ampliamente aceptado, la enfermedad iatrogénica clínica comprende todos los estados clínicos en los cuales los remedios, los médicos o los hospitales son los agentes patógenos o “enfermantes”. Daré a esta plétora de efectos secundarios terapéuticos el nombre de iatrogénesis clínica. Son tan antiguos como la medicina misma  y siempre han sido objeto de estudios médicos. Los medicamentos siempre han sido potencialmente tóxicos, pero sus efectos secundarios no deseados han aumentado con su poder y la difusión de su empleo. Cada 24 a 36 horas, del 50 al 80% de los adultos en los Estados Unidos y el Reino Unido ingiere un producto químico por prescripción médica. Algunos toman un medicamento equivocado, otros reciben parte de un lote envejecido o contaminado, y otros mas una falsificación; algunos ingieren varios medicamentos en combinaciones peligrosas, o bien reciben inyecciones con jeringas mal esterilizadas. Ciertos medicamentos forman hábito, otros son mutilantes y otros mutágenos, aunque quizá sólo en combinación con colorantes de alimentos ó insecticidas. En algunos pacientes, los antibióticos alteran la flora bacteriana normal e inducen una superinfección permitiendo a organismos más resistentes proliferar e invadir al huésped. Otros medicamentos contribuyen a criar cepas de bacterias resistentes. Así, tipos sutiles de intoxicación se han difundido aún más rápidamente que la desconcertante variedad y ubicuidad de las panaceas. La cirugía innecesaria es un procedimiento habitual. El tratamiento médico de enfermedades inexistentes produce con una frecuencia cada vez mayor no-enfermedades incapacitantes; el número de niños incapacitados en Massachusetts por el tratamiento de no- enfermedades cardiacas supera al número de niños bajo tratamiento eficaz por cardiopatías reales.
El dolor y la invalidez provocados por el médico han sido siempre parte del ejercicio profesional. La dureza, la negligencia y la cabal incompetencia de los profesionales son formas milenarias de su mal ejercicio. Con la transformación del médico de un artesano que ejerce una habilidad en individuos a quienes conoce personalmente, en un técnico que aplica normas científicas a toda clase de pacientes, el mal ejercicio profesional adquirió un rango anónimo, casi respetable. Lo que anteriormente se consideraba abuso de confianza y falta de moral puede ahora atribuirse racionalmente a la falla ocasional de equipo y operadores. En un hospital tecnológico complejo, la negligencia pasa a ser un error humano aleatorio”, la actitud encallecida se convierte en “desapego científico” y la incompetencia se transforma en “falta de equipo especializado”. La despersonalización del diagnóstico y la terapéutica hace que el ejercicio profesional impropio deje de ser un problema ético y se convierta en problema técnico.
En 1971, se presentaron de 12 000 a 15 000 litigios por mal ejercicio profesional en los tribunales de los Estados Unidos. Menos de la mitad de todos esos litigios se resolvieron antes de dieciocho meses, y más del 10% permanecieron no resueltos más de seis años. Por cada dólar pagado por seguros contra mal ejercicio profesional, dieciséis a veinte centavos se destinaron a compensar a la víctima; el resto se pagó a los abogados y los expertos médicos. En tales casos, los médicos sólo son vulnerables al cargo de haber actuado contra el código médico, de la acción incompetente del tratamiento prescrito, o de negligencia culpable por codicia o pereza. El problema, empero, es que la mayor parte de los daños infligidos por el médico moderno no caben en ninguna de estas categorías ocurren en la práctica ordinaria de personas bien preparadas que han aprendido a someterse a los procedimientos y juicios profesionales en boga, aunque sepan (o puedan y deban saber) los daños que causan.
El Departamento de Salud, Educación y Bienestar de los Estados Unidos calcula que el 7% de todos los pacientes sufren, mientras están hospitalizados, lesiones susceptibles de indemnización, aunque pocos de ellos hacen algo al respecto. Más aún, la frecuencia de accidentes reportados en los hospitales es mayor que en cualquier industria, excepto las minas y la construcción de edificios altos. Los accidentes son la causa principal de defunción entre los niños norteamericanos. En proporción al tiempo pasado allí, estos accidentes parecen ocurrir más a menudo en el hospital que en cualquier otro sitio. Uno de cada cincuenta niños internados en un hospital sufre un accidente que requiere tratamiento específico. Los hospitales universitarios son relativamente más patógenos, o para decirlo llanamente, producen más enfermedades. También se ha comprobado que uno de cada cinco pacientes internados en un típico hospital para investigación adquiere una enfermedad iatrogénica, algunas veces trivial, que por lo común requiere un tratamiento especial y en un caso de cada treinta conduce a la muerte. La mitad de estos casos resulta de complicaciones del tratamiento medicamentoso; sorprendentemente, uno de cada diez proviene de procedimientos de diagnóstico. Pese a las buenas intenciones y a la invocación de un servicio público, un oficial militar con una hoja de servicios similar habría sido depuesto del mando, y un restaurante o centro de diversiones sería clausurado por la policía. No es de extrañarse que la industria de la salud intente echar la culpa a la víctima del daño causado, ni que el prontuario de una empresa farmacéutica multinacional diga a sus lectores que “la enfermedad iatrogénica tiene casi siempre un origen neurótico”.

PACIENTES INDEFENSOS

Los efectos secundarios adversos debidos a los contactos técnicos con el sistema médico, aprobados, erróneos, aplicados con dureza, o contraindicados, representan apenas el primer plano de la medicina patógena. Tal iatrogénesis clínica incluye no sólo el daño que los médicos infligen con la intención de curar al paciente o de explotarlo; sino también aquellos otros perjuicios que resultan de los intentos del médico por protegerse contra un posible juicio por mal ejercicio profesional. Actualmente dichos esfuerzos por evitar litigios y prosecuciones pueden causar mayor daño que cualquier otro estímulo iatrogénico.
En un segundo plano, la práctica de la medicina fomenta las dolencias reforzando a una sociedad enferma que anima a sus miembros a convertirse en consumidores de medicina curativa, preventiva, industrial y ambiental. Por una parte los seres defectuosos sobreviven en números cada vez mayores y sólo están en condiciones de vivir bajo la asistencia institucional, mientras por otra parte los síntomas certificados médicamente exceptúan a la gente del trabajo industrial y así la apartan de la lucha política por la transformación de la sociedad que la ha enfermado. El segundo plano de iatrogénesis se manifiesta en diversos síntomas de sobremedicación social que equivalen a lo que he llamado la expropiación de la salud. Designo a este efecto médico de segundo plano como iatrogénesis social, y habré de discutirlo en la Parte II.
En un tercer plano, las llamadas profesiones de la salud tienen un efecto aún más profundo, que culturalmente niega la salud en la medida en que destruyen el potencial de las personas para afrontar sus debilidades humanas, su vulnerabilidad y su singularidad en una forma personal y autónoma. El paciente en las garras de la medicina contemporánea es sólo un ejemplo de la humanidad atrapada en sus técnicas perniciosas.71 Esta iatrogénesis cultural, que discutiré en la Parte III, es la definitiva repercusión contraproducente del progreso higiénico y consiste en la parálisis de las reacciones saludables ante el sufrimiento, la invalidez y la muerte. Se produce cuando la gente acepta la manipulación de la salud planeada a partir de un modelo mecánico, cuando se conspira con la intención de producir algo llamado “mejor salud” como si fuera un artículo de consumo. Esto inevitablemente da por resultado el mantenimiento manipulado de la vida en altos niveles de enfermedad subletal.
Este mal último del “progreso” médico debe distinguirse claramente de la iatrogénesis tanto clínica como social.
Espero mostrar que, en cada uno de sus tres planos, la iatrogénesis ha llegado a ser médicamente irreversible, un rasgo inherente a la empresa médica. Los indeseables subproductos fisiológicos, sociales y psicológicos del progreso diagnóstico y terapéutico se han vuelto resistentes a los remedios médicos. Nuevos artefactos, procedimientos y formas de organización, concebidos como remedios para la iatrogénesis clínica y social, tienden ellos mismos a volverse agentes patógenos que contribuyen a la nueva epidemia. Las medidas técnicas y administrativas adoptadas en cualquier plano para evitar que el tratamiento dañe al paciente tienden a engendrar un segundo orden de iatrogénesis análogo a la destrucción progresiva generada por los procedimientos contaminantes usados como medidas contra la contaminación.
A esta espiral autorreforzante de retroalimentación institucional negativa la designaré con su equivalente clásico griego y la llamaré Némesis médica. Los griegos veían dioses en las fuerzas de la naturaleza. Para ellos Némesis representaba la venganza divina que caía sobre los mortales que usurpaban los privilegios que los dioses guardaban celosamente para sí mismos. Némesis era el castigo inevitable por los intentos de ser un héroe en lugar de un ser humano. Como la mayoría de los nombres griegos abstractos, Némesis adquirió la forma de una divinidad. Representaba la respuesta de la naturaleza a hybris la arrogancia del individuo que busca adquirir los atributos de un dios. Nuestra hybris higiénica contemporánea ha conducido al nuevo síndrome de Némesis médica.
Al utilizar el término griego deseo recalcar que el concepto correspondiente no encaja en el paradigma explicativo que actualmente ofrecen los burócratas, terapeutas e ideólogos para las crecientes diseconomías y disutilidades que ellos mismos han elaborado con una total falta de intuición y que tienden a llamar “comportamiento contraintuitivo de los grandes sistemas”. Al invocar mitos y dioses ancestrales pienso dejar claro que mi esquema de análisis de la actual descomposición de la medicina es ajeno a la lógica y al ethos industrialmente determinados. Pienso que la inversión de Némesis sólo puede surgir del hombre y no de otra fuente manipulada (heterónoma) la cual dependería una vez más de la presunción de los expertos y de su mistificación consiguiente.
Némesis médica es resistente a los remedios médicos. Sólo puede invertirse cuando los legos recobran la voluntad de autoasistencia mutua, y a través del reconocimiento jurídico, político e institucional de ese derecho a atenderse, que impone limites al monopolio profesional de los médicos. En mi capítulo final propongo lineamientos para detener a Némesis médica y algunos criterios para mantener la empresa médica dentro de límites saludables. No sugiero ninguna forma específica de asistencia a la salud o a los enfermos, ni propugno ninguna nueva filosofía médica como tampoco recomiendo remedios para la técnica, la doctrina o la organización médica. Sin embargo, propongo una visión alternativa al uso de la organización y la tecnología médicas, junto con sus burocracias y sus ilusiones aliadas.

7 comentarios to “Negligencia médica. ¿es mejor morir en casa?”

  1. San Andrés Cholula, Puebla a 2 de octubre de 2010
    Antes de iniciar, les comento que estoy frente al típico caso de negligencia jurídica, dolosa, parcial y llena de apariencias de buenas intenciones, cuando en el fondo esconde argucias y triquiñuelas, que todos conocemos.
    Este es el caso de una consignación, realizada por la presión que estoy imprimiendo en los medios de comunicación, el sistema judicial fallo que no procedía la orden de aprensión, del Dr. Alfonso Pedraza Aguilera, a quien se le exoneró de un delito que nunca denuncie.
    El día 30 de septiembre del actual, el MP atendió mi solicitud de fecha 5 de agosto del presente, donde pedí una copia certificada de la consignación que el Ministerio Publico, turno al juez penal número uno de Puebla, en relación a la Averiguación Previa AP 4634/2007/Norte, a efecto de subsanar las deficiencias correspondientes al proceso penal 149/2010.
    El titular de la Agencia del Ministerio Publico mesa cuatro, Delegación Norte Puebla, observo “equivocadamente” que los hechos narrados en mi denuncia penal contra el Dr. Alfonso Pedraza Aguilera por negligencia médica, son configurativos de delito de responsabilidad medica, previsto y sancionado por los artículos 239 FRACCION V, de conformidad en lo dispuesto en los artículos 13 y 21 fracción l , del Código de Defensa Social para el Estado, cuyos elementos son: “ RESPONSABILIDAD MEDICA: se impondrá prisión de tres meses a tres años, multa de cincuenta a quinientos salarios y suspensión de tres meses hasta 3 años , del ejercicio profesional, además de la sanción que corresponda si causa homicidio o lesiones, al médico que; que practique una operación innecesaria”.
    El Ministerio Público mesa cuarta norte de Puebla, solicitó al Comisionado de la Comisión Estatal de Arbitraje Medico, emitiera dictamen Medico por el que se determinara si existió responsabilidad medica o negligencia médica por parte del Dr. Alfonso Pedraza Aguilera. En ningún momento, la autoridad judicial solicito se dictaminara si la operación fue innecesaria.
    La denuncia penal del agraviado, de fecha 20 de noviembre de 2007, fue por negligencia médica y lesiones y no por operación innecesaria. Donde manifieste textualmente lo siguiente: “vengo a hacer del conocimiento de esta representación social, hechos y actos por estimar que pueden ser constitutivos del delito de lesiones y responsabilidad Medica…”
    El Dr. Marco Antonio Casas Arellano, en su carácter de Comisionado Estatal de la Comisión Estatal de Arbitraje Medico, a petición de Autoridad, remitió al Agente del Ministerio Publico, un Dictamen Médico el que indica en el capitulo conclusiones: “Existe Mal Praxis (responsabilidad profesional) por parte del presunto, en la atención que le brindo al agraviado, como consecuencia del mal tratamiento médico quirúrgico que brindo al paciente (por el deficiente manejo de la prótesis de la rodilla derecha), ya que este se realizo con omisiones varias ( por negligencia) y falta de previsibilidad medica, al no apegarse a la Lex Artis de la medicina, como se comprueba en el cuerpo de este Dictamen, sobre todo en el capítulo del análisis y bibliografía medica reconocida”.
    El proceso penal 149/2010, emitido por el Juez Penal Numero uno de Puebla, dictamino que el delito de responsabilidad medica no se encuentra legalmente acreditado, y Que el agraviado, no logró acreditar que la operación haya sido innecesaria. El dictamen del Juez Penal, se baso en el artículo 239 del Código de Defensa Social, que se refiere a la práctica de una operación innecesaria. Situación, que no es el motivo de mi querella contra el Dr. Alfonso Pedraza Aguilera.
    El Juez, se refiere al dictamen de CESAMED, que los asesores médicos de esa Institución, no realizaron pronunciamiento alguno en el sentido de que el procedimiento quirúrgico realizado, por el sujeto activo del delito fuera innecesario. Lógicamente no podía existir referencia a la operación innecesaria, porque el MP no solicito se dictaminara sobre ese delito, sino por responsabilidad profesional y lesiones.
    El juez, no observó que el indiciado oculto al paciente, que no hubo mejoría durante treinta y nueve días, a partir la artroplastia. Fue hasta el día dos de abril de ese 2006, que en la nota ortopédica del expediente clínico , el ortopedista escribió textualmente: “Tercer día de evolución, después de aseo quirúrgico dejando drenovac, salida de material serosanguineo continuo, clínicamente no hay manifestaciones, afebril, asintomático, laboratorio con control de anemia, no hay leucocitosis. El día de ayer, se aclara diagnostico al paciente, concretando que la infección protésica, incluye al material de la prótesis, que el retiro es parte del tratamiento de infección y que se interno para preparar su envió al hospital Mocel DF, firma el Dr. Pedraza.
    Lo mencionado en el párrafo superior, es uno de los errores groseros mencionados por CESAMED en su dictamen. El médico tratante, ocultó información, engañando al paciente faltando a su obligación de lealtad, e incumplió con el compromiso adquirido en la carta de consentimiento informado que ambos firmaron. Mintió con dolo al afirmar que clínicamente no había manifestaciones y estaba asintomático y afebril. La sola presencia de material serosanguineo continuo, era señal clínica de infección, mintió también, al señalar que no había anemia, como lo marca el expediente clínico el paciente fue transfundido, lo que alteró el resultado del laboratorio clínico. Estas observaciones fueron omitidas por el juez, que se limito a señalar repetitivamente que el agraviado, no pudo concretar que la operación fuera innecesaria.
    .
    Por la consignación “equivocada” del Ministerio Publico, no se atendió al Dictamen del peritaje medico solicitado a CESAMED por la autoridad, que concluyó negligencia médica , entre otras.
    no se observó que era obligación del presunto prevenir los riesgos y no una responsabilidad del agraviado. Retirando el drenovac dentro del hospital, no como pretende el presunto en su declaración ministerial. Deslindarse del problema, argumentando no saber si el paciente cumplió con las indicaciones en su domicilio. Al retirar el drenovac en el hospital, hubiera dado de alta al paciente sin riesgo, y la infección no se hubiese presentado.
    El juez, no consideró el derecho del paciente a Recibir Información suficiente clara, oportuna y veraz. El paciente, tiene derecho a que el médico brinde información completa sobre diagnóstico, pronóstico y tratamiento; expresándolo clara, oportuna y comprensible; a fin de favorecer el conocimiento pleno del estado de salud del paciente siempre veraz y ajustado a la realidad. El agraviado tenía derecho a decidir libremente sobre su atención, de manera personal y no pudo hacerlo, por no tener conocimiento de la verdad sobre su.
    El indiciado, al aclarar hasta el dos de abril de 2006, la situación del paciente, reconoció tácitamente que ni su actuación médica, ni la información que estaba obligado a proporcionar, fueron oportunas, y con claridad.
    A pesar de ser materia de peritaje medico, el dictamen de CESAMED no se considero idóneo. Se contraviene el artículo 122 del Código de Defensa Social, que enuncia: “ en el procedimiento de Defensa Social se admitirá como prueba todo aquello que se ofrezca como tal, siempre que a juicio del funcionario, conduzca lógicamente a la verdad, y el propio funcionario podrá emplear cualquier medio legal , que establezca la autenticidad de la prueba. Mi apreciación se basa, en que para el conocimiento de la verdad, el juez, tuvo elementos suficientes.

    Aunque en la consignación del MP, se baso en el delito de responsabilidad profesional por operación innecesaria, había suficientes pruebas , para que aplicando criterio y lógica positiva, se hubiera llegado a la verdad jurídica, apoyándose en el expediente clínico, el dictamen de CESAMED, el Dictamen del Médico Legista, la denuncia penal del agraviado por negligencia médica y lesiones, la declaración ministerial del indiciado y las pruebas presentadas que fueron determinadas como sin valor jurídico por el juez a pesar de ser documentos públicos y privados. El juez solo aprecio que la operación era innecesaria, como lo como “equivocadamente” el Ministerio Publico menciono en la consignación.
    La ausencia de la Historia clínica en consulta externa, en la consignación turnada al juez penal, impidió la aplicación del criterio justo y la aplicación de la lógica positiva. El agraviado solicito al Ministerio Público, que se requiriera al Dr. Alfonso Pedraza Aguilera, la Historia clínica en consulta externa, documento que por su importancia como prueba, debió haber sido considerado por el Ministerio Público para la consignación. La ausencia de dicho documento, por no haber sido elaborado por el presunto no permitió, conocer lo sucedido en la etapa pre y pos operatorio.
    El indiciado, manifestó que esa información estaba contenida en el expediente clínico del Hospital Betania. La consignación del MP, debió incluir información que mencionara que el indiciado violo la Norma Oficial Mexicana “del expediente clínico” NOM-168SSA1-1998, lo que tipifica otro delito y fortalece la presunción de otras violaciones a las leyes en la materia. La NOM-168-SSA1-1998, “DEL EXPEDIENTE CLINICO, dice textualmente: “este (el expediente clínico) se forma por el expediente clínico en hospitalización, la historia clínica en Consulta externa pre y pos operatoria y el expediente de urgencias. El juez, no tuvo por la “equivocación del MP” los elementos de juicio que lo condujeran a la verdad lógica, ni empleo los medios legales a su alcance, para establecer la autenticidad de las pruebas.
    Obra en la Averiguación Previa, que el indiciado reconoció que no tenía en su poder, la historia clínica en consulta externa, con el registro de mis visitas pre y pos operatorias, justificándose, en que plasmo la información en el expediente clínico del hospital, a pesar de que la norma le exige la conservación de ese documento durante cinco años. Mentira que no fue consignada por el Ministerio Público al Juez Penal.

    CESAMED, confrontando las pruebas del agraviado (a las que el juez negó validez jurídica), con el expediente clínico del hospital Betania, las encontró congruentes con el expediente, lo que permitió suplir la historia clínica en consulta externa, que no puede conocerse por la violación que el indiciado comete a la NOM-168-SSA1-1998, “DEL EXPEDIENTE CLINICO. El MP y el Juez Penal, incurrieron en una grave omisión legal, que imposibilitó conocer la verdad jurídica.
    El Juez, argumentó en su dictamen que las pruebas presentadas por el agraviado, no están completas y que los documentos presentados por el agraviado como prueba, carecen de valor jurídico alguno. Las pruebas presentadas por el agraviado, que el juez declaró sin valor jurídico, fueron aceptadas por el Agente del Ministerio Publico , que recibió la denuncia . El MP tuvo en su mano los originales y las copias certificadas ante Notario Público, aceptando las segundas. En todo caso, para atender el comentario del Juez presentare para su certificación las pruebas que acepto el Ministerio público.
    El juez cometió un acto de inequidad con el agraviado, al negar valor jurídico a las pruebas presentadas, entorpeciendo la acción de la justicia y concediendo impunidad al presunto. El código de defensa social, Articulo 123 obliga al juez y al Ministerio Publico a aceptar los peritajes, con mayor razón cuando estos fueron solicitados por el Ministerio Público. Es paradójico que el Juez, no acepte los documentos ofrecidos por el agraviado como pruebas (documentos privados y públicos) y las radiografías y gammagrafías, documentos aportados por la ciencia y la técnica, que obran en autos. Es paradójico que el Ministerio Público, quien solicito a CESAMED dictaminara si existía responsabilidad profesional o negligencia médica en la atención que el Dr. Alfonso Pedraza Aguilera presto al agraviad, haya consignado por un delito que no fue el denunciado, a sabiendas que el resultado del proceso penal seria la negativa de orden de aprensión, al no acreditarse que la operación fue innecesaria. Situación que fue ajena a mi denuncia penal.

    El juez menciono: “… cierto también es, que no se acredita de forma fehaciente, que la infección se haya iniciado al momento de la cirugía, ni momentos antes de retirar el drenovac, en otras palabras, en sí, la cirugía a que fue expuesto el pasivo es riesgosa por sí sola, tan es así, que una simple manipulación dental, varios años después de realizar la colocación de la prótesis de rodilla, puede desencadenar una infección,……”. En el párrafo siguiente, continúa el juez mencionando: “Por tanto, resulta inconcuso (sin duda ni contradicción) que la omisión de retirar el drenovac seis días después de la intervención quirúrgica, haya sido el medio por el cual ingreso e inicio la bacteria denominada Staphiloccocus epidermiditis, habida cuenta que el sujeto activo propuesto afirma, que días después de la operación, todavía existía secreción de la herida del sujeto pasivo del delito, y por lo tanto no se acredito que la lesión presentada por el pasivo, sea consecuencia de una operación innecesaria”.
    La inconsistencia del dictamen del juez, reside en que no resulta inconcuso como se mencionó en el proceso, que la omisión cometida por el indiciado y dictaminada por CESAMED de retirar el drenovac, no fuera como dijo el juez en su dictamen a los seis días, ya que fueron once días los que el drenovac estuvo en el cuerpo del agraviado. El M P. no menciono en la consignación que las consecuencias de la omisión cometida por el presunto, no son las mismas en seis días, que en los once que estuvo catéter en mi rodilla. Entonces, no es cierta que la afirmación del juez, que se baso que una mentira de la del indiciado, que al no ser no observada por el juez, produjo un dictamen alejado de la verdad. También deja duda y contradicción, que el juez, no haya considerado en su dictamen, la nota de egreso del hospital Betania, donde el Dr. Alfonso Pedraza Aguilera anotó en el expediente clínico, lo siguiente: “ Transqx satisfactorio. P O satisfactorio. Buena evolución, mínimo drenaje. Alta. Problemas clínicos pendientes: Cita en 8 días a las 11 de la mañana. Recomendaciones para Vigilancia ambulatoria: deambulacion asistida por andadera. Cuidados de drenovac. Dieta sin irritantes con fibra”. El indiciado nuevamente mintió en su declaración ministerial, engañando al juez, ya que no fue verdad que días después de la cirugía, existiera secreción de la herida del paciente, de ser cierta su afirmación, el indiciado, no hubiera hecho la nota de egreso, pues la presencia de sangrado (el indiciado no mencionó el número de días), era suficiente para que el fuera retenido en el hospital. Quedo comprobado por la nota de egreso, que a los seis días de la cirugía, el agraviado, estaba con buena evolución y mínimo drenaje.
    Encontrar la verdad, es imprescindible aunque el MP, haya consignado por un delito no denunciado, procede investigar, estudiar y analizar, los elementos que el juez tuvo a la mano en el expediente de la averiguación previa.
    El Ministerio Público, deberá subsanar la consignación, y reenviarla en una nueva consignación al juzgado primero. El agraviado, presentara al MP, una solicitud justificando que se consigne por el delito denunciado y no se usen tácticas dilatorias y triquiñuelas legales, para evitar que se castigue al Dr. Alfonso Pedraza Aguilera.
    Si la Justicia, en verdad es expedita y existe, las autoridades judiciales deberán enmendar sus errores y equivocaciones y sancionar conforme al Código de Defensa Social al Ortopedista, por abandono de paciente, negligencia y responsabilidad medica y lesiones, lo que se comprueba porque el Dr. Alfonso Pedraza Aguilera, firmo un documento a los 41 días de la cirugía, donde enviaba al paciente al Hospital Mocel, para que en ese nosocomio le retiraran la prótesis infectada, que debió retirar de manera diligente y con oportunidad, sin haberlo hecho.

    Gustavo Adolfo Vargas González
    gustavovargas01@hotmail.com

  2. Declaración de principios de la Asociación de víctimas de negligencia médica e impunidad judicial del estado de Puebla.
    Evidentemente la injusticia e impunidad en los caso de negligencia médica, es algo que tiene que ver con la psicología, el comportamiento humano y con las relaciones sociales. Nuestra agrupación toma la decisión de asociarse, en virtud de la impunidad reinante en el Estado de Puebla, a la negligencia médica.
    La negligencia médica, no atendida con justicia transmite a la sociedad, una idea de deterioro, de desinterés, de despreocupación que va rompiendo códigos de convivencia, como de ausencia de ley, de normas, de reglas, en donde todo vale nada. Cada nuevo ataque que sufre La sociedad al no castigarse judicialmente las negligencias medicas, reafirma y multiplica esa idea, hasta que la escalada de actos, cada vez peores, se vuelva incontenible, desembocando en violencia irracional y/o olvido y desinterés por los agraviados, que ni siquiera tienen el recurso de mostrar violencia por las secuelas que les afectan como producto de la negligencia médica.
    Desde un punto de vista criminológico, la negligencia médica será mayor, mientras exista descuido y la indiferencia de las autoridades encargadas de impedirlo, Sistema Judicial, sistema legislativo, etc., estadísticamente el aumento de la negligencia lo demuestra y algo mas, no hay estadística de los casos no denunciados.
    Si se rompe un vidrio de una ventana de un edificio y nadie lo repara, pronto estarán rotos todos los demás. Si una comunidad exhibe signos de deterioro en el sistema judicial, y esto es algo que parece no importarle a nadie, entonces allí se generará el delito, ya que si nadie lo castiga, los médicos irresponsables seguirán haciendo daño a las víctimas, pues son impunes y nadie los detiene.
    Si se cometen faltas, y estas faltas no son sancionadas, comenzarán a desarrollarse faltas mayores y delitos cada vez más graves.
    Si nadie toma acciones al respecto, los espacios abandonados por el sistema judicial, será ocupado progresivamente por los médicos negligentes. Ante el descuido, desatención y desorden, crecen los males sociales y se degenera el entorno.
    Esa puede ser una hipótesis de la descomposición de la sociedad mexicana, la falta de apego a los valores universales, la falta de respeto de la sociedad entre sí, y hacia las autoridades (extorsión y soborno) y viceversa, la corrupción en todos los niveles, la falta de educación y cultura y la falta de oportunidades, ha generado impunidad, donde la justicia la permite, y nadie parece dispuesto a Hacer algo por evitarlo.
    La solución a este problema no la tenemos aun, pero comenzamos por denunciar ante los medios las negligencias e impunidades medicas de nuestro conocimiento, ante quien quiera escucharnos. Estamos tratando de expresarnos a través de la Asociación de víctimas de negligencia médica e impunidad judicial, para mejorar los “hábitos judiciales” y la conducta medica irresponsable.
    Como miembros de la asociación de víctimas de negligencia médica e impunidad judicial, evitaremos apoyar los casos que no demuestren negligencia médica, con dictamen pericial, o aquellos que señalen injusticia palpable, desatención e ignorancia de cómo defenderse.
    Acordamos no mentir, ni siquiera interferir cuando no haya constancia fehaciente, porque no hay mentiras pequeñas, ni grandes, una mentira es una mentira.
    Hemos acordado aceptar las consecuencias de nuestros actos con valor y responsabilidad, pero sobre todo para dejar testimonio a la sociedad, de nuestros casos y que quienes se vayan sumando a nuestra asociación cuenten con experiencia, empatía, buena disposición, con la finalidad de que no transiten por el tortuoso camino que nosotros hemos andado.
    Con esto y la ayuda de Dios, esperamos comenzar a cambiar, lo que por costumbre se ha hecho mal, soñamos que el día de mañana, nuestra sociedad conozca nuevas expectativas en materia de atención a la negligencia médica, esperamos despertar la conciencia de las autoridades judiciales para que este país, algún día conozca la verdad histórica, narrada por las victimas de negligencia médica, que hoy de manera individual expresan sin suerte su descontento, ante la impunidad de médicos irresponsables que se escudan en un código de ética amoral no escrito, donde corporativamente se defiende al culpable, sin importar que al hacerlo se atenta contra los códigos de ética en cada especialidad medica y el juramento hipocrático.
    En nuestra lucha, no estaremos solos, esperamos el consenso y apoyo de los colegios de Médicos especialistas, pues es a ellos, principalmente a quienes conviene depurar de malos elementos sus asociaciones.
    Nuestra lucha no es contra el gremio médico. Manifestamos profundo y absoluto respeto a los médicos del Estado y del país, creemos en que es una de las tres profesiones más nobles en la sociedad: Maestros, Médicos y Sacerdotes, fueron en alguna ocasión líderes morales de la sociedad, luchamos contra los que alejados de la vocación de servicio, monetizados y encubiertos en los colegios de especialidades, depredan a la sociedad, corrompen a sus autoridades y salen impune de sus actos inmorales, reprobables por si solos, la sociedad y la academia de medicina.
    PROYECTAMOS:
    La Asociación Víctimas de Negligencias Médicas e impunidad judicial, pretende ser la primera asociación Poblana de ayuda a víctimas de errores médicos.
    Somos un grupo de personas con graves secuelas consecuencia directa de una mala actuación médica, que al percibir las dificultades que entraña en nuestro Estado denunciar la negligencia médica, decidimos unirnos en un frente que haga presión en los medios de comunicación, en las autoridades del Sector Salud, y las judiciales, los colegios de Médicos especialistas y la institución de arbitraje medico en el Estado. Con la finalidad de exigir los derechos que nos corresponde.
    Los inicios de nuestra Asociación sin duda serán duros, tenemos que crear de la nada y prácticamente sin medios económicos, una infraestructura capaz de hacer planteamientos a los medios de comunicación, a los profesionales de la medicina, a las autoridades sobre nuestro derecho jurídico y moral a enfrentar la bestial embestida de los negligentes médicos, que contratan, compran, corrompen a las autoridades encargadas de procuración de la justicia.

    El objetivo principal de nuestra Asociación Víctimas de Negligencias Médicas es custodiar la defensa de los derechos del paciente, luchando para que en un futuro próximo la legislación y los procedimientos cuando se enfrenta el reclamo de los errores médicos sea un trámite más ágil y con certeza jurídica, lejano de lo que hoy existe en esta entidad.
    Nuestros objetivos como Asociación de Víctimas de Negligencias Médicas e Impunidad Judicial van encaminados a participar como agrupación en la elaboración de un proyecto de ley destinado a suprimir los procesos largos y costosos que a menudo trastornan la vida de las víctimas y sus familias.
    Los Médicos cuentan con seguros médicos que cubren plenamente su responsabilidad civil en los casos de negligencia en el ejercicio de su profesión, las negligencias médicas deben ser siempre económicamente indemnizadas. Pero en Puebla y en todo México, la ley y la jurisprudencia exigen del paciente la prueba de los errores cometidos por los profesionales de la medicina. Lo que a menudo resulta imposible por diversa causas, entre las que se destaca:
    La falta de cultura medica de las victimas de negligencia médica y el desconocimiento de la ley, que debería proteger a las víctimas y que termina justificando a los verdugos.
    La inexistencia de pruebas por las víctimas, para demostrar la negligencia médica. Porque nadie espera que el médico de manera negligente, por falta de previsibilidad o negligencia cometa errores que dañen la salud del individuo, por lo tanto no guarda documentos que se conviertan en pruebas.

    La depresión en que la víctima y su familia caen impidiendo una eficiente capacidad de reacción legal ante los errores médicos.

    El desconocimiento de las leyes, reglamentos, normas, y trámites judiciales que debemos conocer como víctimas.

    La contratación de abogados que aceptan los casos, sin experiencias en la materia.
    La corrupción que permea las instituciones encargadas de procuración de justicia y de salud.

    Un mal entendido corporativismo medico, que protege indiscriminadamente y por consigna a sus pares, constituyéndose verdaderos feudos de médicos que asumen que sus errores serán pagados por el seguro, defendidos por sus colegas, o por las mismas autoridades judiciales y del sector salud.

    Que los profesionistas de la salud, pertenecen a una clase social y no son miembros de una banda organizada de delincuentes sin ética, moral ni conciencia social.

    Tenemos como objetivo la aprobación de una Ley por la cual toda víctima de negligencia médica sea indemnizada, al demostrase entre otros, la mal praxis y el desapego a la Lex Artis de la medicina, negligencia médica, falta de previsibilidad e impericia por parte de los médicos que nos han asistido de manera negligente, bastando el solo peritaje de la CESAMED y/o el peritaje medico idóneo.
    Como Asociación de Víctimas de Negligencias Médicas e impunidad judicial, luchamos por la creación de un Organismo de reparación del daño, cuya función consista en indemnizar los daños directamente producidos como consecuencia de una negligencia médica. Concedida a las víctimas, cuando se compruebe la negligencia médica por los peritajes periciales idóneos. Tipificándola como delito, terminado con la laguna legal existente actualmente en el Código de Defensa Social del Estado de Puebla, en el que se consigna penalmente a los médicos negligentes, solo por operación innecesaria o abandono de paciente.

    Una vez tipificado como delito la negligencia médica dictaminada por peritajes médicos idóneos la Indemnizaciones deberá ser cubierta por el responsable directo y último del daño.
    Para conseguir nuestros objetivos, objetivo llevaremos a cabo actividades como lasque a continuación se destacan:
    • Establecer contacto con otras asociaciones de víctimas de negligencia médica, intercambiando ideas, imitando aciertos y proponiendo actividades a seguir.
    Establecer contacto con los miembros del Congreso Estatal, para presentar nuestras inquietudes y necesidades, de manera que se traduzcan con su apoyo en una iniciativa de ley.

    Establecimiento de contactos con autoridades del sector salud, Sistema• judicial de procuración de justicia, nacionales, locales e internacionales, encaminados a promover una normativa legal que proteja de forma objetiva al paciente y a los familiares de éste.
    Desarrolla también una labor de• orientación y asistencia jurídica- medica a las víctimas de una negligencia médica.

    Contar para el desarrollo de dicha función con un equipo de profesionales en el ámbito jurídico como en el médico, partimos de la base, de que por fortuna mayoritariamente los médicos son una profesión ética y moral que ayuda al prójimo, en base al juramento Hipocrático que realizan.

    En la medida que nuestra asociación, se acredite en los colegios de especialistas médicos, como una agrupación que no busca destruir, sino corregir errores, nuestros objetivos se irán cumpliendo.

    • Pretendemos que la Asociación en un futuro mediato, cuente con profesionales de la salud, dispuestos a valorar objetivamente a través de los correspondientes informes periciales la incorrecta actuación profesional prestada por sus compañeros.

    Tener contacto estrecho en representación de las victimas de negligencia médica, con la CESAMED y los peritos del Sistema judicial si estos demostraran su capacidad e idoneidad.

    Convertirnos en la conciencia de la sociedad y en el apoyo que necesitan las víctimas de negligencia médica, que al sufrir secuelas que las incapaciten, tienden a enclaustrarse en lugar de luchar por sus derechos y asumir que la cultura de la denuncia, no es retorica ni quimera, sino una realidad que permite terminar con la impunidad existente en materia de negligencia médica.

    Defender a la sociedad, de profesioncitas que no deben ejercer la más noble de la profesiones, cuando no están preparados científicamente, o ética y moralmente para restablecer la salud de los pacientes.

    Hacer de la carta de consentimiento informado, un documento legal que realmente sea claro, oportuno, veraz y leal hacia el paciente, terminado con el consentimiento informado firmado por el paciente, bajo condiciones de crisis, en unos segundos y bajo el estrés de estar en peligro.

    Dar a la Norma Oficial Mexicana del Expediente clínico, el valor legal que esta tiene, haciendo valer ante las autoridades que el expediente clínico está formado, por tres etapas, Hospitalización, urgencias y e historia clínica en consulta externa, un habito al que estando obligados los médicos, han dejado de observar, ante la impunidad que les brinda el sistema judicial poblano.

    Sumar caso de victimas de negligencia médica, a la asociación, en la medida que se demuestre la solvencia moral de los agremiados fundadores.

    Trabajar de manera gratuita, sin remuneración, Solidarios con las victimas que inician el vía crucis que por lo general, en esta entidad lleva a la frustración, la impunidad y el desfasamiento de los tiempos, terminando con la fatídica prescripción.
    Para contacto, gustavovargas01@hotmail.com

  3. Síndrome de negligencia institucional
    La salud es sin duda el derecho mas violado en México, en todas sus acepciones: física, moral, espiritual y mental. Mientras se suscriben y ratifican tratados y convenciones internacionales. Sin corregir los desaciertos del Sistema Educativo Nacional, la salud del pueblo seguirá deteriorándose.
    Existe violencia institucionalizada, corrupción e impunidad, en todos los campos, el deterioro se detecta en las instituciones de salud. El Estado debe escuchar la voz de la sociedad, a través de una asociación de pacientes.
    Para combatir la negligencia médica, corporativismo medico mal entendido, corrupción y opacidad, inobservancia de las normas oficiales mexicanas en materia de salud, irregularidades y mercantilismo alejado la Bioética. Es necesario conocer lo que la sociedad piensa, para que exista retroalimentación médico-paciente.
    Desde el momento en que la pobreza extrema en el país no tiene garantizado el acceso a la alimentación y existen proyectos inconclusos sobre la preparación especializada de profesionales. Se viola el derecho a la salud.
    Elena Poniatowska se refirió a la corrupción en la compra de los exámenes para obtener plazas en las residencias médicas. Eso dibuja un panorama sobre futuras negligencias por falta de preparación y/o vocación.
    Estamos frente al síndrome de la negligencia Institucional, los síntomas son: pobreza extrema, hambre, falta de educación, pérdida de valores, impunidad, corrupción y falta de veracidad en el trato de los problemas sociales. Los signos, no escapan a la vista de nadie: indolencia, apatía, falta de empatía, valemadrismo, impotencia, miedo e inseguridad social.
    En Puebla, se creara la primera asociación de víctimas de negligencia médica e impunidad judicial. Como antídoto para el síndrome de negligencia institucional descrito, en la medida que se permita a las victimas expresase, estaremos encontrando explicaciones a los errores médicos y ayudaremos a los Colegios medico a depurarse y a las Autoridades Judiciales podremos exigirle que trabajen apegados a derecho y se olviden de los beneficios que brinda la simulación.
    La Universidad, es un lugar para evolucionar no un sitio para generar negligencia e incapacidad, escuchen nuestras denuncias y la verdad histórica, es la forma de mejorar en Bioética y de de conservar la relación médico – paciente en nivel de dignidad.
    Errar es de humanos, lo comprendemos, pero la obligación de prever es algo que se está olvidando. Nuestra asociación pretende hacer que los médicos retomen sus obligaciones y dejen de justificarse en la iatrogenia
    Gustavovargas01@hotmail.com

  4. Puebla, Pué. a 18 de diciembre de 2010
    El homicidio de la activista de la Sra. Marisela Escobedo, que exigía justicia por el asesinato de su hija, enseña la impunidad existente ante el vacio de procuración de justicia.
    El llamado a perder el miedo a denunciar, hecho por el Secretario de Gobernación, resuena como retorica sin contenido en los oídos de los ciudadanos.
    El acontecimiento de Chihuahua deja claro que no hay garantías por parte del Estado, para que las víctimas no sufran consecuencias. Este caso, revela la vulnerabilidad de las víctimas que presentan una denuncia contra cualquier tipo de delincuencia.
    El asesinato de Chihuahua, muestra las fallas del sistema judicial, donde no hay credibilidad en las Agencias del ministerio público y los Jueces.
    No es suficiente, que los funcionarios y los políticos señalen su condena total y absoluta. La impunidad de los que delinquen sin castigo, se combate con esfuerzo, exigiendo justicia sin cansancio, con miedo tal vez , pero finalmente seguros de que nuestras denuncias deben continuar, para probar no; que tenemos razón, sino que los delincuentes están libres y pueden reincidir
    Reiteremos la verdad una y otra vez y sobreponiéndonos al miedo y dolor. Continuemos reclamando justicia. Quienes hemos denunciado, sabemos lo difícil y peligroso que nuestro paso trae como consecuencia , aceptamos el efecto, aun cuando en nuestra lucha nos encontremos solos sin poder político o económico que respalde nuestro reclamo.
    Ante la incapacidad para garantizar la justicia, nuestros aliados deben ser los medios de comunicación, solo la difusión hará llegar a mas mexicanos la negligencia institucional que estamos viviendo.
    Soy Gustavo Adolfo Vargas González, víctima de negligencia médica dictaminada por Cesamed en puebla, que después de 4 años de haber denunciado penalmente, me enfrento a la impunidad judicial para la resolución de mi caso.
    No siempre se mata con balas, a veces con simulación se logara el mismo efecto. Gustavovargas01@hotmail.com

  5. San Andrés Cholula, Puebla a 21 de julio de 2011

    COFEPRIS PUEBLA.

    Me refiero a mis escritos de fecha 28 de octubre y 4 de noviembre de 2010 y del 28 de febrero de 2011 , que fueron enviados al Comisionado de la COFEPRIS en Puebla por el Órgano de Control Interno del Sector Salud en el oficio No. 12/1.0.3.3/623/2011. Expediente SO-016/2011

    Me petición invoca el contenido del ARTICULO OCTAVO DE LA CONSTITUCION POLITICA DE LOS ESTADOS UNIDOS MEXICANOS, “derecho de Petición” lo que pareciera no importar a la Autoridad Sanitaria en materia de Fomento , protección y regulación del estado de Puebla. El silencio que guarda sobre el dictamen de mi petición, viola mi derecho y la Constitución misma.

    Reitero lo solicitado en varios documentos dirigidos a la COFEPRIS, ratificando el contenido de mi petición original:

    l.- Se realice como autoridad competente una inspección al consultorio del Dr. Alfonso Pedraza aguilera, requiriéndole la presentación y entrega de la historia clínica en consulta externa, por la atención médica que prestó al suscrito en febrero de 2006.

    ll.- Comprobada la inexistencia del documento, requiero me lo hagan saber oficialmente el resultado del dictamen que indique: si el galeno entregó la Historia clínica o se justificó de alguna manera, considerando que como paciente agraviado tengo derecho a conocer oficialmente dicho documento, de conformidad a la NOM- 168-SSA1-1998.

    lll.- En base a los procedimientos de la Dirección de regulación y fomento sanitario, solicito se sancione la inobservancia de la elaboración de la historia clínica por el Dr. Alfonso Pedraza Aguilera. Procediéndose de conformidad a mi derecho CONSTITUCIONAL de petición, a informarme formalmente en qué consiste la sanción procedente, para ser utilizada según a mi interés convenga.

    A través de la Unidad Jurídica, quejas y denuncias de COFEPRIS Puebla, estoy enterado de que el Dr. Pedraza Aguilera entrego documentos al personal que ha realizado dos inspecciones en su consultorio, en los que argumenta, que sus escritos pertenecen a la Historia clínica en consulta externa. Por su contenido, puedo demostrar que los mismos fueron elaborados a raíz de la visita de inspección de Cofepris.

    Sería muy grave que como resultado de la inspección, los documentos presentados por el médico tratante, resultaran contrarios a su declaración ministerial ante la autoridad judicial en la averiguación previa correspondiente. Lo que significaría que:

    • El médico mintió y falseo declaraciones ante el Ministerio Público.
    • La inspección de Cofepris, estaría permitiendo que el galeno elaborara documentos, tratando de evadir una sanción de la Autoridad Sanitaria.

    Cofepris conto con documentos originales proporcionados por mí, ratificados por la firma del Jefe de la Unidad Jurídica , Quejas y Denuncias, con los que demuestro, que las fechas y la información que el Dr. Pedraza Aguilera quiere hacer pasar como parte de la Historia Clínica en Consulta Externa, no corresponde a la verdad.

    Me reservo el derecho de proporcionar esta información a la autoridad que corresponda, para aclarar esta situación si no se actúa de manera transparente, conforme a la normatividad establecida.

    COFEPRIS PUEBLA, No ha dado satisfacción a mi petición de conocer el dictamen solicitado, a pesar de que han transcurrido casi diez meses desde el inicio de mi tramite ante esa autoridad Sanitaria , por ello; solicito a la brevedad, una respuesta formal a mi petición , quedo en espera de sus noticias

    A t e n t a m e n t e
    Gustavo Adolfo Vargas González
    2 oriente No. 408C-2
    San Andrés Cholula, Puebla
    C.P. 72810
    Tel. 2 -98-98-7

A %d blogueros les gusta esto: