Desobediencia civil: la fuerza más poderosa

por Pok

Editorial (El Progresista)

Normalmente entendemos y explicamos los cambios revolucionarios, la lucha contra los paradigmas dominantes, como un movimiento social en el que prima la lucha, la sangre, el dolor y la muerte.

En este artículo venimos a mostrar los rudimentos básicos de una acción alternativa a la lucha de miedo y fuego que se había librado hasta el siglo XIX, la fuerza más poderosa y pacífica utilizada contra la injusticia. Un poder contra el que no sirven las armas, ni la presión internacional. Imperios, como el Británico, regímenes opresivos, como el Apartheid, injusticias sociales, como la marginación de la población negra, se han rendido ante su capacidad de demolición.

La Desobediencia Civil ha marcado un antes y un después en las manifestaciones y movilización sociales reivindicativas.
Desde las protestas obreras del siglo XIX a las recientes feministas o universitarias contra el plan Bolonia, el modus operandi ha seguido unos principios similares que nacieron al socaire de la Revolución Industrial, tomaron forma en los escritos de H. D. Thoreau y se encarnaron en la figura paradigmática de Mahatma Gandhi.

Comenzaremos hablando de las características y estrategias de la Desobediencia Civil, pasaremos a citar algunos ejemplos a lo largo de la historia, nos detendremos a analizar dos de ellos con mayor detenimiento y, posteriormente, os ofrecemos una selección de textos, escritos por sus protagonistas más importantes, para así formarnos una idea más completa sobre este movimiento.

Definición

La no-violencia podría definirse como toda práctica o metodología socio-política, conjunto de estrategias y procedimientos de lucha, forcejeo y presión político-social de carácter activo cuyo objetivo es influir en el curso de un conflicto o que sirve como base para su comienzo. Aunque no tenga mucha importancia en los manuales de Ideas Políticas, este movimiento no se presenta como una forma más de gobernar, de actuar, sino como una alternativa seria a las tradicionales formas políticas: “humanizar la política” o “hacer una política de rostro más humano”.

Estrategias

Los métodos más comunes de la no-violencia son los boicots, la no-cooperación, la desobediencia civil, la objeción de conciencia o lo que algunos han denominado “resistencia pasiva”. La renuncia al uso de armas como el eje principal de su doctrina y sus manifestaciones públicas ha marcado la naturaleza de este movimiento a lo largo de la historia.

La señora Parks fue el chispazo para la movilización por los derechos de los negros en EE.UU.

Características.

El centro sobre el que orbitan las diferentes acciones no-violentas es el “proceso de toma de conciencia”, medio imprescindible para llevar a cabo la revolución pacífica. Racionalidad, originalidad y creatividad se han de combinar para marcar las pautas correctas a seguir en el enfrentamiento por la “dignidad y la libertad humanas”; proclama que se repite, directa o indirectamente, en todos los movimientos no-violentos a lo largo del siglo XX.

La no-violencia puede llegar a convertirse en un hábito de vida, como reza la teoría del “yogui”: “el mundo cambia porque nosotros cambiamos, si nosotros cambiamos cambiará el mundo con nosotros”. En este movimiento, mayoritariamente antibelicista, la solidez, la estabilidad, la madurez, la preparación interna lo es todo.

Los derechos que Thoreau, Luther King, Gandhi y otros muchos activistas defendían se parecían a lo que hoy día denominamos “justicia distributiva”, así como algunas concepciones del socialismo: había que garantizar la igualdad y la libertad, en proporciones medianamente prácticas y realistas; había que exigir a cada cual según sus capacidades y dar a cada cual según sus necesidades y había que respetar la integridad física de todos los seres vivos (animales y humanos).

También tiene cierta consonancia con el utilitarismo: maximizar el bien común al tiempo que se reducen los efectos negativos para la sociedad a la mínima expresión. ¿Cómo se puede calibrar esta afirmación? Es complejo. Mario López Martínez afirma que para ello “deberíamos preocuparnos de poder corregir los errores que se presentan tras una elección. Pero para que eso sea posible, es necesario que los errores sean lo suficientemente pequeños y, por tanto, corregibles; en otras palabras, debemos actuar de tal forma que nuestras decisiones sean reversibles”. En este punto, la ética, la política y la no-violencia confluyen en el mismo punto.

A continuación, más que hacer una enumeración diacrónica de la “historia de la no-violencia”, vamos a realizar una exposición de “la no-violencia en la historia”. Para ello, vamos a dividir los movimientos socio-políticos por su naturaleza y sus objetivos. Es cierto que dentro de cada grupo encontraremos algunos que se diferencian en apariencia, pero lo cierto es que siguen un patrón común: el movimiento de masas en busca de la construcción de un nuevo poder social y político; en otras palabras, un cambio de mentalidad, un cambio de paradigma mediante acciones que, si bien al principio fueron no-violentas en ocasiones terminaron por hacer uso de las armas.

Contra la dominación imperialista. Trece colonias (motín del té, evasión de los impuestos), lucha de Gandhi en Sudáfrica e Indias, huelga general en Argelia (1961), lucha tibetana contra China (de 70’ a 90’), Intifada en Palestina (1987), etc…

Contra regímenes dictatoriales. Revueltas sociales en Rusia (1905), Guatemala y Salvador (1930), Hungría (1956), Checoslovaquia (1968), Birmania (1988), etc…

Reivindicación de derechos y libertades: movimiento sufragista por el voto femenino, por los derechos de la población negra (1960’), por la democracia en China (1989), contra el Apartheid (1960-1990)…

Ejemplos

Pasemos a ver con más detenimiento dos casos concretos para demostrar cómo se cumplen estas características expuestas, si no a la vez, si en distintas épocas y movimientos.

1) Mahatma Gandhi ya había luchado en Sudáfrica contra el imperialismo inglés., donde fue encarcelado. A su vuelta a la India contaba con gran experiencia y había discurrido largamente sobre el significado y el posible éxito de las luchas no-violenta. No llegaba a comprender cómo 100.000 soldados eran capaces de dominar a 300 millones de indios. Para desterrar al Imperio Británico de la “joya de la corona” apostó por una acción que pondría en un duro aprieto a la administración delegada: desafiaría el monopolio y los impuestos sobre la sal, así como la producción de prendas de algodón. Si lo detenían, multitud de ciudadanos se alzarían en su favor, si no lo hacían la población comenzaría a perder respeto a unas leyes imperiales que no podían con un simple predicador de masas. En cualquier caso, el gobierno británico se sentía impotente. De hecho, su último deseo era entrar en la cárcel, pero no lo detendrían antes de llegar a la playa, pues hasta tomar la sal entre sus manos no habría cometido ningún delito.

2) La lucha no-violenta de los negros de Nashville por los derechos de la gente negra tuvo su comienzo en 1960. La segregación social era extrema en todos los lugares públicos. Ante esta situación los estudiantes de la universidad Fisk decidieron crear el “Comité Coordinado de estudiantes no-violentos”. John Lewis fue uno de sus miembros más activos.

Su primera labor fue preparar a la población negra que participaría en su proyecto para recibir todo tipo de improperios y maltrato en las acciones no-violentas que iban a llevar a cabo. Los siguientes días comenzaron a ocupar con normalidad los asientos de los bares en los que tenían prohibido el acceso, después boicotearon los mercados de los barrios blancos, apostaron por la “autarquía de los barrios negros”, el autoabastecimiento, la autoproducción. Así fue como lograron vencer el discriminatorio sistema bajo el que vivían. Nashville fue una de las primeras ciudades en reconocer los derechos de los negros. Tres años después sería la marcha sobre Washington, en la que Martin Luther King clamaría aquello de “I have a dream”.

Conclusión

Tanto en el caso de Gandhi como en el de Nashville encontramos que la no-violencia está basada en una concienciación civil de la población previa a la actuación, ambos buscan un cambio de paradigma socio-político mediante la acción pacífica, usando la inteligencia para hacer un uso correcto de las herramientas y la cobertura que les proporciona la legalidad para llevar a cabo sus objetivos. También en ambos casos, como apuntábamos anteriormente, se busca una acción masiva y coordinada, el boicot y la insumisión sirvieron en estos casos. No hizo falta recurrir al uso de las armas, más bien al contrario, no pocos indios y afroamericanos recibieron maltratos físicos indiscriminados por parte de la población blanca y la policía. Y también ambos coinciden en un aspecto: lograron los objetivos que se propusieron en un principio sin tener que derramar una sola gota de sangre. Este es el objetivo final de todo movimiento no-violento: la encarnación de unos ideales no utópicos de libertad e igualdad mediante una reivindicación ciudadana práctica, activa y pacífica.

A día de hoy, la desobediencia civil continúa practicándose en las anti-cumbres del G-20, las manifestaciones que reivindican derechos y políticas sociales, aquellas otras que protestan contra la guerra de Irak, de Afganistan, en favor de los derechos de la mujer o contra el mismo plan Bolonia, aún de tanta actualidad en los medios universitarios. Pero también la encontramos en contextos menos mediáticos, como la que llevaron a cabo, recientemente, los habitantes del Cabanyal en Valencia frente a las fuerzas policíacas que los agredieron sin ninguna consideración. Estemos o no de acuerdo con los ejemplos que he ido articulando a lo largo de este texto como significativos de esta corriente, lo que está claro es que la Desobediencia Civil es, a día de hoy, uno de los conductos de protesta, expresión y manifestación social más efectivos ante la omnipotencia de los poderes políticos y económicos a nivel mundial.

El Dr. Martin Luther King, Jr. escribió que la filosofía y práctica de la no-violencia consta de seis elementos básicos.

-Primero, la no-violencia es resistencia frente al mal y la opresión. Es una manera humana de luchar.

-Segundo, no busca derrotar o humillar al adversario sino ganar su amistad y su comprensión.

-Tercero, la no-violencia es más un ataque contra las fuerzas del mal que contra las personas que ejercen el mal y la injusticia.

-Cuarto, es la disposición a aceptar el sufrimiento sin represalias.

-Quinto, un resistente no-violento evita tanto la violencia física externa como la espiritual interna; no sólo rechaza el disparar a un adversario sino también odiarlo. La ética del amor real está en el centro de la no-violencia.

-Sexto, el creyente en la no-violencia tiene una profunda fe en el futuro y ve a las fuerzas del Universo del lado de la justicia.

4 Responses to “Desobediencia civil: la fuerza más poderosa”

  1. el sexto me parece basico para esta lucha.

  2. los impuestos, es la respuesta, ellos sin dinero no pueden hacer nada

  3. Pienso que debemos ser una unidad ,si en una manifestacion a uno o varios los detienen injustamente ir todos a la delegacion y presionar para que salgan ,de esta forma mucha gente que tiene miedo se podra unir a el movimiento ,cada vez seremos mas ,que todos confiemos en todos asi se crearan lazos que el pinche gobierno no podra romper.

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