Recientemente han aparecido imagenes, fotografías tomadas en el lugar de los hechos poco después de que detonaran las bombas nuclares, una en Hiroshima y la otra en Nagasaki, supuestamente para poner fin a la guerra cuando en realidad fue un acto brutal por parte de los sionistas y el imperio anglo-holandés para mostrar que son capaces de cualquier barbaridad. Las imagenes que habían permanecido ocultas para la gran mayoria de los habitantes de este planeta, son escalofriantes, terribles, pero algunos dicen que solo fueron 130 mil personas y que no se le puede comparar con el holocausto hitleriano que asesino a varios millones de judíos, creo que la cantidad de personas no determina la barbaridad de los hechos, si bien se ha hecho mención de desde los años 1940 de el genocidio judío y se le ha condenado, ahora se empieza ha hablar de esa brutalidad injustificada de detonar dos bombas nucleares en Japón cuando prácticamente la guerra estaba terminada pero, ¿cuándo se hablara con mayor amplitud sobre las brutalidades cometidas por los europeos contra los ingígenas de América y contra los negros de África, que después de la esclavitud a la que fueron sometidos ahora viven en la miseria y olvidados por el resto del mundo? ¿cuándo se hará algo por resarcir el daño hecho a esos pueblos?
Por lo menos aquí va esto que me enviaron sobre el esclavismo europeo en contra de los africanos:
ÁFRICA: RUBOR DE OLVIDO Y SILENCIO I
…
Olaudah Esquiano, también conocido como Gustavus Vassa , ex esclavo, describe así su viaje a Barbados con sólo once años. La ingenuidad de un niño que descubre el mar y a los hombres blancos, se junta a la sorpresa de alguien que se encuentra de pronto en el infierno:
“Las primeras cosas que saludaron mis ojos cuando llegué a la costa fueron el mar y el barco negrero que estaba anclado y esperando su cargamento. Esto me llenó de asombro, que se convirtió en terror cuando me subieron a bordo. Allí fui inmediatamente observado y manoseado por miembros de la tripulación para ver si estaba sano. Entonces me persuadí de que había entrado en un mundo de malos espíritus y de que iban a matarme. Cuando miré a mi alrededor en el barco vi un gran caldero de cobre hirviendo, y una multitud de negros de todo tipo encadenados unos a otros, todos con terribles expresiones de dolor y tristeza.”

“Ya no dudé de la suerte que me esperaba, y completamente dominado por el dolor y la angustia, caí desmayado sobre la cubierta . … Luego me bajaron a las bodegas y allí recibí un saludo como nunca había sentido antes en mi vida, de forma que, con lo espantoso del hedor y los lamentos que se escuchaban, me puse tan enfermo y deprimido que no era capaz de comer…Entonces deseaba abrazar al último amigo que me quedaba, la muerte, para aliviarme… Los chillidos de las mujeres y los lamentos de los moribundos completaba un horror casi inconcebible.”

“Muchas de las fortunas que se hicieron en el comercio colonial entre Europa y América central,… están manchadas con la sangre, el pus, el sudor, la orina, las heces y los vómitos de los esclavos que se pudrieron en las bodegas de sus barcos. Si fuera verdad que las manchas de la sangre y de los demás líquidos que segrega el cuerpo humano no se quitan nunca, muchas de las actuales fortunas de respetables familias europeas deberían tener hoy todavía pegado a ellas el hedor de la trata de esclavos”.
¿Qué justificaciones hacía de una actividad tan abominable la sociedad esencialmente cristiana? Como el caso que destaca Luis de Sebastián (“África, ¿pecado de Europa?”):
“Lo primero que hay que hacer es negar la esencia de la persona del esclavo que pudiera ser una base para sustentar derechos y reclamar el respeto de otros seres humanos. Según la mentalidad de los esclavistas, además de ser paganos, adoradores de ídolos y dioses falsos, supersticiosos, y por tanto carentes de la entidad moral que da el cristianismo, eran ignorantes, insensibles, medio-hombres, que “no se preocupaban de nada más que de no ser capturados” en frase de Newton”.

John Newton, que llegó a ser ministro de la iglesia y entre 1750 y 1754 se dedicó al tráfico de esclavos.
. . .
En definitiva, lo que acabó con el tráfico de esclavos no fueron las acciones de las potencias europeas en los países africanos, sino la progresiva disminución de la demanda de esclavos al otro lado del Atlántico, al descubrir los patronos que los trabajadores asalariados podían ser obligados a trabajar como esclavos, sin tener que alimentarlos, cuidarlos y convivir con ellos”.

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Archivado bajo: Internacional, blogs, derechos humanos, historia, imperialismo, información, sociedad | Etiquetado: Africa, brutalidad, crimenes contra la humanidad, derechos humanos, esclavitud
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